El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

24 may. 2015

“Populismo energético”


 Por Claudio Scaletta

Los subsidios universales siempre acarrean alguna injusticia. Precisamente por su carácter universal, suelen llegar marginalmente a quienes no deberían recibirlos. Las desviaciones indignan con facilidad y son una excusa para atacar al todo, una treta conocida del neoliberalismo aquí y en el mundo. Ejemplo típico: “Los subsidios permiten que en los countries calefaccionen las piletas”. Sin embargo, los subsidios a la energía, que de ellos se habla, no son una idea siniestra de funcionarios ricos para bajar los costos de los servicios en barrios exclusivos, sino algo muy distinto. Sus efectos económicos son dobles. Para las empresas, la energía barata mejora la ecuación de costos, y por lo tanto la competitividad, y para las familias liberan recursos que, generalmente, retroalimentan el consumo. Los efectos macroeconómicos combinados son evidentes. La contracara es que a partir de determinado nivel, en función del volumen de producción y el nivel de demanda, pueden ser deficitarios para el erario. En tanto el déficit sea en moneda local no es un problema mayor, pues una de las tareas del Estado es inyectar recursos al sistema económico. No cualquier déficit es malo por definición. Las dificultades aparecen cuando, como en el presente, el déficit también se vuelve externo. La decisión política de subsidiar la producción y el consumo de energía apuntaló el crecimiento durante una década, funcionó como mecanismo de redistribución de la renta energética, pero también comenzó a generar “indirectamente” un desbalance en divisas, lo que demandó correcciones; un proceso que ya está en marcha. Vale destacar que este déficit externo no fue una consecuencia directa de la política de subsidios, sino de otras áreas más dudosas de la política energética.

Para el neoliberalismo, en cambio, el problema es siempre contable y pasa en todo contexto por reducir el gasto bajo el objetivo mayor de tener un Estado con menor peso en el PIB y en las decisiones de producción. La demanda perentoria, entonces, es eliminar todos los subsidios, pero la argumentación no es siempre inmediatamente tosca. Si se rompe el corralito y se recorren sus papers, pueden encontrarse algunos razonamientos asombrosos. En su reciente Documento de Trabajo N122: “Subsidios a la energía, devaluación y precios”, la ultraliberal FIEL recopila visiones y realiza algunos cálculos que vale la pena repasar. Allí se lee, por ejemplo, que “en particular en economías en desarrollo” los subsidios a la energía provocan transferencias en favor de “empresas capital intensivas en países desarrollados” a la vez que “afectan negativamente el crecimiento y el empleo, implican transferencias regresivas y retardan el movimiento hacia bajas emisiones de gases de efecto invernadero”. Nótese que la crítica entraña una suerte de neoprogresismo liberal preocupado ahora tanto por las transferencias hacia los países centrales, como por la distribución del ingreso y el daño ambiental.
A la hora de argumentar no parece haber prejuicios. ¿Duran Barba estará asesorando a FIEL? No tanto, los efectos citados serían el resultado de un mal extendido en muchos países latinoamericanos y en Argentina en particular: el “populismo energético”. La idea se basa en una analogía primordial: el consumidor de energía como votante. Las transferencias al consumidor-votante mejoran instantáneamente su bienestar ganando su voluntad, pero son insostenibles en el largo plazo; la raíz misma del populismo. Ello es por una doble razón, porque conducen al déficit presupuestario y porque serían parcialmente pagados por las empresas proveedoras, caso que presupone tarifas por debajo o cercanas a los costos, lo que traslada las inversiones de reposición hacia el futuro y acumula desequilibrios finalmente carísimos. Como en todo proceso de ajuste de mercados particulares, el embate sólo es resistido por las firmas tradicionales y con más espaldas. Las consecuencias macroeconómicas, en tanto, son todas las derivables de los déficit provocados. Se regresa así al mundo conocido y a las bibliotecas separadas.

Superada la argumentación, el trabajo de FIEL avanza con los números, mejor dicho “el número”. En economía hay múltiples situaciones en las que es más fácil entrar que salir. Así como subsidiar bajó costos y aumentó el ingreso disponible, dejar de hacerlo provoca el efecto contrario, tiene costos económicos y sociales en términos de aumentos de precios y caída del consumo energético. Luego de unas 30 páginas de supuestos, parámetros y ecuaciones, el trabajo de FIEL llega finalmente a un número-conclusión, que bien podría ser otro alterando cualquiera de los supuestos empleados, pero un número al fin: ajustar las tarifas para eliminar el déficit generado por los subsidios energéticos en las cuentas públicas provocaría alrededor de 11 puntos de inflación. Aunque esperable, el resultado preocupa al autor: “El argumento de que el efecto de estabilización fiscal de una reducción de subsidios va a dominar en el corto plazo no se verifica”. Pero no es sólo la inflación, sino también la caída del consumo inherente a los mayores precios. En palabras de FIEL: “Este resultado es sensible a algunos efectos, como el tamaño de reducción del consumo luego del aumento de precios”. El escenario podría complicarse todavía más en caso de una (segura) devaluación, caso en que los precios de los servicios deberían subir más que proporcionalmente, y el consecuente ajuste de salarios. La sumatoria podría llevar directamente a “un shock inflacionario” que demandaría “una operación de estabilización fiscal más amplia para controlar la inflación que concentrarse sólo en eliminar los subsidios a la energía”. No se puede negar la honestidad intelectual. Más cuando el autor no es ningún Talibán y sugiere opciones intermedias, como la posibilidad de una reforma gradual que arbitre “mecanismos de ajuste que suavicen los aumentos en el corto plazo hasta tanto se consolide una estabilización más definida”.

La síntesis del trabajo de FIEL oscila así entre la esterilidad epistemológica y el rocanrol de fogón: 30 páginas de ecuaciones para decir cualitativamente lo que cabe en media carilla y cantar una que ya sabían todos.

original: Cash

19 may. 2015

COMPORTAMIENTOS ESPECULATIVOS, AUTORIDAD MONETARIA Y DEMANDA EFECTIVA

La crisis global y la política monetaria norteamericana





Por Matías De Lucchi

Índice
1. Introducción ............................................................................................................................. 4
2. ¿Mercados Eficientes? .......................................................................................................... 6
3. Finanzas Comportamentales ............................................................................................. 10
4. Soros: “It is our style of making money” .......................................................................... 13
5. La Hipótesis de la Inestabilidad Financiera ..................................................................... 16
6. Crecimiento, distribución y crisis financiera en Estados Unidos .................................. 22
6.1. Política monetaria no convencional: ¿Trampa de la liquidez? .................................. 30
7. Conclusiones ........................................................................................................................ 36
Bibliografía ................................................................................................................................ 37

1. Introducción
A partir de la llamada globalización financiera a finales de los años setenta, las investigaciones acerca del comportamiento de los mercados financieros comenzaron a ganar terreno dentro de la literatura económica. Desde la crisis global de 2008, el tema recobró un renovado interés no solo desde sectores académicos, sino también financieros, periodísticos y políticos. La entrega de los premios Nobel 2013 a los economistas Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller, un reconocimiento de cierto eclecticismo a la Hipótesis de los Mercados Eficientes (HME) y a las Finanzas Comportamentales (FC), bien podría enmarcarse en esta renovada inquietud por la compresión de las crisis financieras aunque, paradójicamente, bajo el prisma de los abordajes tradicionalmente aceptados. Probablemente, la caracterización algo espontanea de “Momento Minsky” a la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers en septiembre de 2008 ha sido una de las expresiones más emblemáticas de las limitaciones del saber convencional para dar cuenta del fenómeno en curso.
De todas maneras, al cabo de seis años de crisis global, el pensamiento tradicional no parece haber retrocedido lo suficiente como para permitir el surgimiento de un nuevo paradigma. Tal vez, aquellas referencias a Hyman Minsky, un economista post-keynesiano que realizó grandes aportes a la compresión de la dinámica de los mercados financieros, estuvieron más motivadas por el desconcierto que por la reflexión.
Si bien la reciente crisis global proveyó una robusta evidencia empírica acerca de la incapacidad de autorregulación de los mercados financieros, la misma simplemente ha reforzado las regularidades del pasado. Una de las primeras conclusiones que se pueden abordar de la extensa recopilación estadística de Reinhart y Rogoff (2011) es que los períodos posteriores a la crisis de 1929 y a la segunda guerra mundial, que han sido caracterizados por una gran estabilidad financiera, se han desarrollado sobre la base de fuertes esquemas de regulación macro-prudencial (Figuras 1 y 2). En el caso del sistema bancario, la evidencia es notable. Con el surgimiento de la globalización financiera y la desregulación neoliberal, la cantidad de crisis bancarias y financieras se extendieron considerablemente. Asimismo, la dinámica es similar a la que se observa en el período previo a la crisis de los años treinta, mostrando así que los mercados financieros desregulados pueden por sí mismos recrear condiciones de inestabilidad independientemente de su profundidad y complejidad en lo que respecta a su diversificación de instrumentos. Aunque, por supuesto, la innovación financiera tiende a amplificar la inestabilidad en mercados desregulados.



Figuras 1 y 2: Número total de crisis bancarias y bursátiles en los países miembros del G201
Fuente: Elaboración propia en base a datos de Reinhart y Rogoff2
(www.reinhartandrogoff.com)

La globalización financiera y el surgimiento del neoliberalismo, lejos de haber sido una suerte de reversión natural a supuestas condiciones de desregulación de los mercados financieros, ha sido el resultado de una ardua reconfiguración política y normativa. No solo se ha retrocedido en lo que respecta a la regulación sino que se han instaurado nuevos patrones de acción en la política monetaria (Wierzba et al, 2008). El concepto de banco central “independiente” y el énfasis en el control de la inflación como único objetivo han marcado una ruptura con las funciones históricas de las autoridades monetarias (Goodhart, 2010).

El objetivo del presente trabajo es, en una primera parte, realizar una breve y, sin duda, arbitraria reseña sobre algunos planteos críticos y debates en torno a la HME. Es importante destacar que la literatura dedicada a la investigación de los comportamientos financieros es extensa y diversificada. La selección de tópicos y enfoques presentada aquí responde a los objetivos de este trabajo, lo que no necesariamente significa que aquellos conceptos que puedan estar faltando sean irrelevantes no solo para la literatura en general sino también para este trabajo en particular. Se trata simplemente de una simplificación analítica que a grandes rasgos cumple con el objetivo de este trabajo. Luego, a partir de estos conceptos, se intentará repensar nuevamente las causas y, sobre todo, los desafíos que ha planteado la crisis global en materia de política económica.

En la sección 2 se presentará brevemente la HME y sus problemas empíricos. En la sección 3 introduciremos las respuestas de las FC ante la evidencia empírica. En la sección 4 se mencionarán algunos conceptos que se derivan de la llamada “teoría de la reflexividad” de George Soros que, aun arriesgándonos a sobreestimar su relevancia en la literatura financiera, no deja de plantear aspectos interesantes. En la sección 5 presentamos las características más relevantes de acuerdo a nuestros objetivos de la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF) de Hyman Minsky. Finalmente, en la sección 6 reintroduciremos el debate de la crisis global de 2008 y los desafíos de la política económica de los Estados Unidos y los países desarrollados.


Para leer mas: ACA

7 may. 2015

Brasil 2015: un nuevo 2003?




 Por Carlos Pinkusfeld Bastos & Fernando Maccari Lara




La "hipótesis" de la contracción fiscal expansiva ha visto días mejores. Atrás han quedado los años 1990, cuando el ajuste fiscal de Estados Unidos parecía para los despistados, fortalecer el mito neoliberal (ver Serrano y Braga 2006). Hoy en día las desastrosas consecuencias del ajuste aplicado por la Unión Europea para países como Grecia, España, Portugal parecen mostrar el impacto contractivo de ... políticas contractivas fiscales.
 
Aun suponiendo que en el corto plazo estas políticas "pueden" ser contractivas, los economistas ortodoxos se aferran a la receta como la única alternativa para obtener mejores resultados en el mediano y largo plazo. Después de todo, sin distorsiones creadas a través de la acción política, habría una tendencia automática al pleno empleo, con interés y salarios tendiendo a sus honorarios "naturales" .. ".

Economistas heterodoxos, ya que utilizan el principio de la demanda efectiva para la determinación de la producción en el corto y largo plazo, tienen la oportunidad de conocer en el ejercicio de las políticas contractivas la confirmación de sus teorías: reducen el crecimiento y podrían conducir a la recesión. Curiosamente, este punto de vista es en gran parte inexplorado en el debate brasileño. Las políticas de ajuste ortodoxo encuentran apoyo incluso en los sectores gubernamentales supuestamente más heterodoxos / desarrollistas, y entre los comentaristas 'críticos' (ver Zero, 2015) amigables con el gobierno. Al parecer, lo que apoya la necesidad de ajuste para ellos es el supuesto éxito de esta estrategia cuando fuera  adoptada en 2003 por el presidente Lula.

Para comprobar si no están incurriendo en una ilusión óptica, es necesario, a continuación: (a) recordar las condiciones que prevalecieron en el año 2003 y analizar si la situación es similar en el 2015; (B) verificar que la recuperación a partir de 2004 tenía algo que ver con el ajuste fiscal; (C) para investigar si las condiciones para una recuperación se colocan en el horizonte cercano. 

Sobre el primer punto, se plantea la cuestión de si las condiciones previas para el ajuste de 2015 son similares a las condiciones de 2003. Esta similitud no existe, cuando se considera el crecimiento del producto, ya que, en 2002, la economía brasileña creció un 2,66% mientras que el crecimiento en 2014 fue prácticamente nulo. El siguiente gráfico se muestra una diferencia importante también con respecto a la sincronización del ciclo económico en cada caso.

Gráfico 1 - Tasa anual de crecimiento del PIB (periodicidad trimestral)



El ajuste de 2003 se hizo después de dos trimestres de clara recuperación del crecimiento en el segundo semestre de 2002. El ajuste de 2015 se produce en secuencia a un proceso de rápida desaceleración del crecimiento. Así, mientras que la política contractiva en 2003 enfría un proceso de recuperación en curso, una política similar adoptada hoy tiende a intensificar la desaceleración, resultando muy probablemente en una caída del PIB en los próximos
 trimestres.
Acerca de este impacto, que quede claro: las políticas monetarias y fiscales contractivas adoptadas en 2003 eran muy eficientes, es decir, muy contractivas. La tasa de crecimiento del PIB en 2003 fue inferior a la mitad del registrado en el año anterior. Hubo una reducción en el gasto de los consumidores en casi un 1% y la inversión reducida en aproximadamente un 4,5%, lo que resulta en una contribución negativa de la demanda interna al crecimiento. Luego se pregunta cómo, antes de la retracción del consumo y la inversión, que era posible lograr un modesto crecimiento del 1,16% en el año 2003? El siguiente cuadro es bastante esclarecedor.

Gráfico 2 Comportamiento de las Exportaciones 2003 - 2014


El valor de exportación llega a  disminuir en algunos meses de 2002, pero, a partir de mediados de este año, ya tiene una tendencia de recuperación. El movimiento se acelera durante el 2003 y el crecimiento medio anual alcanza un impresionante 25%, estabilizándose en torno al 20% anual. En 2004 hubo una mayor aceleración del crecimiento de las exportaciones y de las tasas de crecimiento fueron, en promedio, alrededor del 30% por año.

En resumen, esta perfomance bastante positiva de las exportaciones logró contrarrestar, al menos en parte, el impacto de las medidas contractivas en la demanda interna en 2003. Esta historia es bien conocida, pero parece haber sido olvidada por los que abogan por el ajuste fiscal en 2015. El pequeño, el crecimiento positivo del PIB en el año 2003 se logró a pesar de las medidas contractivas, debido a la contribución positiva del sector exterior.

Mediante el análisis de los años subsiguientes que se configuran con una duración del ciclo expansivo y una intensidad que no habían sido registrados en Brasil por lo menos desde la década de 1980, ya no se puede dar protagonismo al sector externo. La recuperación de la demanda interna durante el año 2004 es el factor más importante para explicar el crecimiento de 5,7%. A pesar del excelente desempeño continuado de las exportaciones, la contribución del sector exterior es cada vez más pequeña, convirtiéndose en negativa desde mediados de 2006, debido al aumento significativo en el coeficiente de importaciones lo largo de dicho ciclo de expansión. Así que dar pabulo al buen desempeño de los años 2004 a 2010 exclusivamente a la situación externa es tan erróneo como argumentar que la contracción fiscal 2003 tuvo un impacto en la aceleración de un mayor crecimiento.

Antes de proceder a la identificación de los elementos de la demanda interna que determinó este comportamiento del crecimiento, parece importante para derribar unos malentendidos sobre el alcance y la duración del "ajuste fiscal" de 2003. Al asumir el cargo de ese año, el presidente Lula se comprometió a elevar el superávit primario y de hecho cumplió su compromiso. El instrumento para lograr este resultado fue el recorte del gasto público que, ese año se retrae en 3,75%. De los componentes del gasto, la más sacrificada fue la inversión pública, que era aproximadamente un 60% inferior al del año anterior (véase Bastos et al, 2015).

En 2004, el superávit primario se elevó de nuevo, pero esta vez el crecimiento de la demanda interna llevó a un aumento significativo en el PIB del 5,7%. Tendrían razón entonces los partidarios de la contracción fiscal expansiva? La recuperación de la demanda interna en 2004 sería una consecuencia del aumento de la "confianza" en que el gobierno sería responsable de las cuentas públicas? No, de ninguna manera. De hecho, esta combinación de  resultados sólo demuestra, una vez más, que el resultado fiscal ex post es un mal indicador del impacto de las acciones de política fiscal sobre el nivel de actividad.

Resulta que la evolución de los ingresos del sector público depende del desempeño de la economía, es decir, los ingresos crecen con el aumento de la producción. Esto es clave para entender cómo el superávit primario puede haber crecido en 2004, aunque el gasto directo del gobierno ha crecido en términos reales, un 6,6%!%! En resumen, incluso con un gasto mucho mayor respecto al año anterior, el sector público podría alcanzar un superávit primario también más alto, debido al crecimiento más que proporcional en los ingresos.
 Además de la política fiscal, aunque no ha sido espectacularmente expansiva, ha proporcionado a la economía en general un impulso no sólo positivo y creciente entre 2004 y 2009, y sigue siendo positivo en 2010. En otras palabras, a pesar del mantenimiento de superávits primarios significativos, la demanda agregada fue estimulada, positiva y cada vez más, por la política fiscal en este período. Es cierto que el superavit era incluso varias veces mayor que el necesario para estabilizar la deuda con el PIB, supuestamente la razón de su existencia (ver Bastos et al, 2015). Por lo tanto, aunque la contribución expansiva del sector público puede haber sido menos de lo que hubiera sido permitido por los parámetros muy conservadores del trípode macroeconómico, la señal era positiva a lo largo del período 2004-2010.

Aclarado este punto, podemos volver a examinar los elementos de la demanda agregada interna para explicar la aceleración del crecimiento en el período comprendido entre 2004 y 2010. El consumo fue uno de los componentes de la demanda interna que él llevó a cabo la aportación más estable después de una recuperación bastante rápida 2004. Con el fin de analizar su comportamiento, hay que considerar que hay una parte inducida por el crecimiento de los ingresos, especialmente los salarios, y otra parte autónoma, fuertemente influenciados por las condiciones de crédito.

Después de una caída significativa en 2003, el saldo de los préstamos a los individuos en proporción del PIB se mantuvo prácticamente al mismo nivel en 2004 y se recupera con fuerza desde 2005. Teniendo en cuenta sólo la parte de crédito para las personas fisicas, existe una clara trayectoria de crecimiento a partir de 2004. Una tendencia similar se observa para los salarios, cuyo valor real cae bruscamente en 2003, creciendo moderadamente en 2004 y con más fuerza a partir de 2005. En este sentido, también se debe destacar la política fuerte aumento del salario mínimo más allá de los efectos directos sobre los trabajadores que la reciben, tiene un efecto muy importante en la estructura salarial actual y el crecimiento de las transferencias de pensiones cuyo valor básico está indexado al mínimo.

 El hallazgo de que el comportamiento del consumo fue fundamental en el ciclo de crecimiento a partir de 2004 a veces eclipsa el hecho, también fundamental, que la inversión privada reaccionó de forma bastante vigorosa. En otras palabras, el llamado proceso de inducción de inversión por el crecimiento de la demanda agregada funcionó como se esperaba, al menos a partir de 2006.

 Retomando las preguntas planteadas al inicio de este texto, creemos ya haber dejado claro que el buen desempeño de la economía desde 2004 no tenía nada que ver con el ajuste fiscal. Más bien, el ajuste de 2003 es altamente perjudicial para el crecimiento y la relajación de la política fiscal a partir de 2004 comenzó a contribuir, aunque no muy intensamente al crecimiento. Ahora vamos a enfatizar porque el escenario de 2015 es peor que el de 2003.

 Contrariamente a lo que algunos defensores de ajuste fiscal general defienden, la alta inflación heredada del gobierno de FHC no fue el resultado de un crecimiento excesivo o exceso de demanda, como lo demuestran los datos sobre el mercado laboral y el desempeño general de la economía en 2002. Como es habitual en el caso de Brasil la devaluación rápida en el segundo semestre de 2002 tuvo un fuerte impacto en la inflación. Por lo tanto, el camino opuesto fue perseguido por el gobierno en el 2003, después de haber tenido  una rápida apreciación del tipo de cambio desde marzo. En términos nominales, el dólar estaba ya en junio de 2003 con un valor de 20% por debajo de los vigentes en marzo y se mantuvo en ese nivel durante toda la segunda mitad. Teniendo en cuenta los valores medios, la segunda mitad de 2003 el tipo de cambio fue de aproximadamente un 15% más valorada en términos nominales y un 17% más valorada en términos reales, en comparación con el segundo semestre de 2002.


Parece, no está en la agenda del actual gobierno una senda de apreciación de la misma intensidad. También hay diferencias importantes con respecto a la situación externa. La trayectoria de la balanza comercial se muestra no favorable y la economía brasileña ha registrado importantes déficits en cuenta corriente, incluso en el contexto de bajo crecimiento. Estos déficits aún deben ir acompañados con una gran cantidad de atención y su persistencia de hecho recomendaría precaución si la intención del gobierno es seguir una política para reanudar el crecimiento. Aún así, los datos positivos como el importante volumen de reservas acumuladas, una gran parte de los pasivos en moneda nacional de las existencias registradas en la posición de inversión internacional y el hecho de que, al menos hasta el final del primer mandato de la presidenta Dilma, no hubo dificultades para financiar el déficit en cuenta corriente con las entradas de capital, tampoco autorizan justificar el ajuste fiscal prometido debido a las dificultades externas (ver Lara, 2014). Pero es muy dudosa la hipótesis de que un ajuste fiscal en sí mismo puede contribuir a mejorar las condiciones de inserción internacional. Poco se discute, por ejemplo, la posibilidad de que mediante la inducción de una recesión, esta política podría terminar siendo un inhibidor del factor de atracción de inversión extranjera directa, lo que dificulta la financiación del déficit en transacciones corrientes. En resumen, si por un lado, no puede ser caracterizada como una crisis monetaria a las condiciones que prevalecen a comienzos de 2015, por otro lado también sería prudente apostar una tendencia significativa apreciación del real frente al dólar. 

Por lo tanto, la opción política dirigida a un tipo de cambio más depreciado y el hecho de que el ajuste fiscal no puede contribuir a controlar la inflación que no es de demanda, posiblemente impliquen probablemente dificultades para contener el aumento de precios, al menos en el corto plazo. Y el probable impacto negativo de la inflación sobre los salarios reales autoriza el proyecto de una actuación más bien débil del consumo privado en el futuro cercano. De hecho, para criticar el intento de devaluación de la moneda en el primer gobierno de Dilma, Bresser Pereira (2015) afirma que el fracaso de esta política fue que no se combinó con el ajuste fiscal, es decir, por no haber sido generada de forma simultánea una tasa de desempleo lo suficientemente alta para evitar la transferencia de descarga del tipo de cambio a los salarios nominales y precios del servicio. Por lo tanto, la reducción de los salarios reales y el consumo en consecuencia inducidos, son elementos centrales de la política que se está implementado a partir de 2015.

Por el lado del consumo autónomo el horizonte de expansión tampoco parece muy prometedor. A diferencia del escenario de 2004, a finales de 2014 el saldo de las operaciones como proporción del PIB representó alrededor del 55% del PIB. Ya no es, por lo tanto, un mercado deprimido en el que las innovaciones financieras inducen con cierta facilidad la entrada en masa de nuevos contratistas, generando un impacto significativo en el consumo de bienes durables. Además, las altas tasas de interés y plazos ajustados constituyen un marco de crédito en Brasil tal que incluso si el volumen de PIB no es el más alto, hay un compromiso de los ingresos de las familias con un mayor servicio de la deuda que en el período de fuerte expansión entre 2005 y 2010. Esto implica una menor disposición o incluso capacidad, para la expansión de la deuda privada.


Gráfico 3 compromiso del ingreso de las Familias con el servicio de la deuda


Como era de esperar, los datos sobre la inversión inicial son los peores posibles, ya que no es racional por parte de los capitalistas que aumentaran su capacidad de producción justamente en un tiempo de retracción de la demanda. A la situación política se suma otro elemento negativo en relación a esta variable. Según el informe de perspectivas de inversión (de referencia), "los sectores de Petróleo y Gas y Logística Infraestructura tendrían [el] importante papel de impulsar las inversiones en la economía... En el primer caso, depende de la exploración de petróleo en el pre -sal. En el segundo, la realización de concesiones y asociaciones público-privadas. "(BNDES 2014 p. 2). Obviamente, ambos objetivos están seriamente en jaque, de acuerdo con los asuntos legales que involucran tanto Petrobras como contratistas.

Para responder a las preguntas planteadas al principio, no parece haber espacio racional para considerar que la consecuencia del ajuste actual no sea la profundización de la recesión y la elevación del desempleo. A diferencia de 2003, cuando las exportaciones se aceleraron y había un amplio espacio para el aumento del consumo a través del crédito y la recuperación salarial, hoy todos los componentes de la demanda apuntan a los malos resultados de crecimiento. La política fiscal, lo que podría, al menos, ser parcialmente compensado, viene a profundizarse en esta tendencia.


La repetición de dicho ajuste aumentaría la confianza de los inversores privados, de hecho, se refiere al argumento de que el gobierno cree en la figura del "hada de la confianza", creada por el economista Paul Krugman. El ejemplo de hadas ilustra la confianza irracional, casi mágica, que el ajuste fiscal, supuestamente debido a la voluntad de los empresarios para invertir en el discurso ortodoxo actual. En lugar de un cuento de hadas, el ajuste fiscal es presentado prácticamente como la única arma política económica, podría llevar al país a un revés que aliena la base electoral del gobierno. En última instancia, este proceso puede comprometer la trayectoria del progreso social y democrático experimentado en la primera década de este siglo.
1. En el caso de Brasil la carga tributaria en el período fue pro cíclico. Es decir, creció como proporción del PIB sin aumentar las tasas de impuestos, pero debido a factores relacionados con el propio crecimiento de la economía en su mayor formalización en el mercado laboral. Ver Santos (2010).

Referencias:
Bastos, C. P, Rodrigues, R, Lara, F.M (2015) “As finanças públicas e o impacto fiscal entre 2003 e 2012: 10 anos de governo do Partido dos Trabalhadores” Ensaios FEE, v. 36, n. 1, 2015 (no prelo).
Bresser-Pereira (2015) “O estranho mas inevitável ajuste” em Valor Econômico 10/04/205
BNDES (2014) Perspectivas do Investimento 2015-2018 e Panoramas Setoriais
Lara, F. As condições externas justificam um ajuste recessivo? Carta de Conjuntura FEE, v. 23, n. 11, novembro de 2014. Disponível em:  http://carta.fee.tche.br/article/as-condicoes-externas-justificam-um-ajuste-recessivo/
Santos, C. Um panorama das finanças públicas brasileiras 1995/2009.In. Castro, J.; Santos, C.; Ribeiro, J. (Orgs.). Tributação e equidade no Brasil: um registro da reflexão do IPEA no biênio 2008-2009. Brasília: IPEA, 2010.
Serrano, F e Braga, J (2006) “O mito da contração fiscal expansionista nos EUA durante o governo Clinton”. Economia e Sociedade, Campinas, v. 15, n. 2 (27), p. 213-239, ago. 2006.
Zero, M (2015) “Os riscos relativos do ajuste e o risco absoluto do golpismo”. Brasil Debate. Disponível em: http://brasildebate.com.br/os-riscos-relativos-do-ajuste-e-o-risco-absoluto-do-golpismo/


Original : Carta Maior

12 abr. 2015

Garegnani on a way to avoid the value capital endowment in Wicksell (1898)

Posteamos un paper del Prof. Fabio Petri en el Centro di Ricerche e Documentazione Piero Sraffa, donde argumenta sobre la inevitabilidad de la lógica circular en la definicion marginalista del capital como una cantidad dada, aún en los casos en que éste es medido en un período medio de producción, sugerido en su momento por Garegnani, 1960, Il capitale nelle teorie della distribuzione, Milano: Giuffré



CSWP 11 (April 2015)

Author Fabio Petri


Pierangelo Garegnani has argued that the value capital endowment could have been avoided in Knut Wicksell’s long-period general equilibrium in Value, Capital and Rent (1898); the capital endowment might have been specified as an amount of labour embodied in the economy’s stock of capital goods, which would have avoided the vicious circle of a factor endowment dependent on the prices the equilibrium must determine. The paper argues that this thesis cannot be accepted.

Download the paper

29 mar. 2015

Dilma, la ortodoxa


 Por Claudio Scaletta

Hay dos maneras seguras para que un artículo sobre economía pierda lectores aceleradamente, precisamente lo que se supone el redactor quiere evitar. La primera es llenarlo de números, la segunda es meterse en cuestiones teóricas. Aquí se incurrirá, aunque sin exagerar, en el segundo vicio, por lo que se demanda por adelantado un poco de paciencia. El tema es Brasil y la pregunta fundamental, en principio extraña, es por qué un país puede elegir voluntariamente crecer por debajo de sus posibilidades. O más concretamente, por qué los sectores empresarios, que también se benefician del momento del auge del ciclo económico, preferirían regresar a momentos de contracción.

Lo más interesante es que el caso no es exclusivo del vecino, sino un clásico de todas las economías que eligen el camino del ajuste estructural en contextos en los que todavía existen márgenes para políticas expansivas. Quizá sea provinciano mirar el mundo solamente desde los problemas propios. A esta altura nadie que siga las variables de la economía local desconoce que la escasez relativa de divisas es la principal fuente del freno del PIB. Por eso es inevitable volver a preguntarse por qué un gobierno como el brasileño, que no tiene esta restricción, no elige crecer, no al 8 por ciento, lo que siempre genera tensiones, pero sí por lo menos al 3 o 4 por ciento. Las reservas de Brasil son de más de 370 mil millones de dólares y multiplican por más de diez a las de Argentina, aunque ponderando por tamaño del PIB serían el equivalente a 3,5 veces. El país tampoco tiene problemas para financiar su cuenta corriente, su deuda pública está lejos de cualquier descontrol y continúa el ingreso de capitales.

Hay más. Dilma y su partido ganaron las últimas elecciones haciendo publicidad en contra de la ortodoxia económica. En la campaña hasta hubo un spot publicitario que atacaba el fetiche neoliberal de la independencia del Banco Central. Sin embargo, una vez reelecta, la presidenta profundizó la receta ortodoxa, se frenaron los aumentos salariales, se profundizó el ajuste fiscal, se aumentaron tarifas y se provocó una fuerte devaluación. En los anteriores períodos de gobierno del PT, el gran enemigo de la economía había sido la inflación, la que no se originaba en ningún déficit, sino en el persistente aumento de los salarios mínimos por encima de la productividad, algo que ninguna economía puede soportar por mucho tiempo. Pero en los últimos meses, tras la devaluación, la inflación se volvió cambiaria y se disparó sin que las clases dirigentes se muestren ya tan preocupadas por el fenómeno. La razón es simple: los salarios ya no crecen y la economía acumula meses de contracción.

La cuestión se vuelve entonces más urgente: ¿por qué un gobierno elige voluntariamente la contracción? En la historia del pensamiento económico la pregunta no es nueva ni original. El primero en formularla taxativamente fue el gran economista polaco Michal Kalecki en su artículo de 1943 “Aspectos políticos del pleno empleo”. El texto tiene apenas 8 páginas, se encuentra en Internet y no tiene desperdicio. Como es propio de los clásicos, su actualidad es absoluta, pero la fecha de redacción merece un comentario. Después de la Gran Depresión y bien avanzada la Segunda Guerra Mundial, quedaba muy claro para la economía política que el pleno empleo era alcanzable aplicando las medidas sugeridas por el estado de la ciencia. Dicho de otra manera, se sabía, precisamente por las doctrinas desarrolladas por Kalecki y Keynes, que la intervención pública a través del gasto y la inversión estatal podían llevar a la economía al pleno empleo. La pregunta que entonces se formula Kalecki es por qué una porción de la clase empresaria, que también se beneficia del crecimiento, y sus ideólogos, a los que denomina “expertos económicos”, así, entre comillas, se resisten a la expansión. La respuesta del economista polaco se divide en tres niveles:

- La resistencia a que el Estado intervenga en un problema considerado como propio por los empresarios, como es la creación de empleo.

- La resistencia a que el Estado dirija el gasto, sea a través de la inversión pública o de los subsidios al consumo.

- La “resistencia a los cambios sociales y políticos resultantes del mantenimiento del pleno empleo”.

Los dos primeros puntos son discusiones conocidas, básicamente a los empresarios no les gusta ni que el Estado intervenga en sus negocios ni que los desposeídos de medios de producción reciban ingresos que no provengan del “sudor de sus frente”. El tercer punto es el mejor aporte de Kalecki. El mantenimiento en el tiempo del pleno empleo, o niveles cercanos a él, provoca profundas transformaciones sociales y políticas. Primero, el desempleo deja de cumplir su papel disciplinador deteriorando la autoridad del empleador. Luego, aumenta el poder de negociación de los trabajadores (en rigor Kalecki no habla en 1943 de “poder de negociación”, sino de “conciencia de clase”) y junto con este poder, las demandas por aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo (¿Nunca menos?). Los empresarios pueden defenderse de los aumentos salariales aumentando precios, lo que provoca inflación, los rentistas no. 

Pero queda una cuestión: Kalecki no cree que la gran motivación empresaria sea estrictamente la ganancia: “Los dirigentes empresariales aprecian más la ‘disciplina en las fábricas’ y la ‘estabilidad política’ que las ganancias. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente (...) y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista ‘normal’”.

 La conclusión es que los empresarios pueden estar de acuerdo con políticas expansivas para salir de las crisis, es decir, para evitar que las crisis económicas se transformen en políticas, pero que estas políticas no pueden mantenerse en el tiempo también por razones de estabilidad política. Los ciclos no son económicos, sino económico-políticos. Una digresión local: los tres puntos o resistencias sirven también para entender por qué empresarios beneficiados por más de una década de crecimiento poblaron las mesas de 50 mil pesos el cubierto que financiarán al partido del ajuste.

Regresando al ejemplo de Brasil, las volteretas discursivas del PT aplicando ellos mismos el programa contractivo que demandan los empresarios generaron una tremenda pérdida de legitimidad de un gobierno que se reivindicaba popular. En uno de los países menos igualitarios de América latina, la mejora de las condiciones de vida, ingresos y derechos de los trabajadores que caracterizaron los primeros años irritaron a las clases dominantes tradicionales que profundizaron su odio al PT. Las clases altas fueron seguidas por el grueso de los sectores medios, quienes suelen sentirse amenazados frente el ascenso de los sectores populares. Hasta aquí la secuencia parece tradicional. 

 Pero la particularidad brasileña fue que el ajuste estructural lo comenzó y lo profundizó el PT, lo que descolocó a las bases más militantes del partido. Dilma logró el prodigio de irritar a todos. Si a eso se le agrega que los ajustes siempre aseguran recesiones y que, además, se descubren redes de financiamiento de la política al interior de firmas controladas por el Estado y se impulsan políticas de alianzas con partidos sin ideología, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, la pérdida de legitimidad se vuelve total. A no confundirse, Dilma no es Evo ni es Cristina.

Original: Pagina 12



Entrevista a Randall Wray





Posteamos una muy buena entrevista a Randall Wray, donde explica los fundamentos de la visión MMT del dinero (Modern Monetary Theory) y donde deja claro que los limites del crecimiento de un país con moneda soberana, no es la escasez de la misma. Asimismo, ningún país con moneda doméstica soberana puede entrar en default de su deuda, si está nominada en dicha moneda.
Agrega además que la creación de moneda es endógena y que los créditos que decide hacer la banca privada son los que crean los depósitos, dejando en claro que no existe algo así como un multiplicador monetario de origen ortodoxo.

Es fundamental, por otra parte, el diagnóstico que ofrece sobre la equivocada conformación de la zona Euro, cuyo esquema de funcionamiento no sigue ningún sendero de sustentabilidad, ni económica, ni social. Wray nos recuerda que no es una observación ex-post o histórica, sino que él junto a otros autores heterodoxos ya en los '90 denunciaron teóricamente la defectuosa conformación del Euro. Ver  Goodley,   Pivetti  y aca  y Goodhart .

Preguntado acerca de qué soluciones puede tener la zona Euro, Wray responde que sólo con reformas que la hagan similar al funcionamiento de una real unión de estados federal (EEUU) con compensaciones fiscales para los estados deficitarios o bien con la compra por parte del Banco Central Europeo de los bonos de deuda de dichos estados a tasas de interés bajas. De otra forma, sólo se prolongarán las mismas situaciones sin solución para los déficits de cuenta corriente y el crecimiento de las deudas por parte de la periferia europea. Así como está, nos dice, el Euro no es viable aunque no se sepa su fecha de expiración.







Dos observaciones críticas

Al mismo tiempo, detectamos en sus respuestas algunos problemas referidos a dos tópicos: 1) el "pleno empleo" con relación a la inflación, y 2) el problema de la restricción externa que cualquier país periférico del mundo puede encontrar al no tener financiamiento en divisas (dólar).

En primer lugar para 1) se complica bastante el saber qué sería en un pais el “pleno empleo”, obviando los temas de inmigración, rotación laboral tecnológica, aumentos de productividad, etc. que modifican todo el tiempo dicha situación. Si la respuesta se orienta a la observacion de la existencia de inflación como su indicador,  debe alertarse que la inflación es un proceso que se debe a subas de costos y puja distributiva y que puede darse por motivos institucionales (gremios, leyes, etc.) a distintos grados de desocupación, vía el mayor o menor conflicto distributivo. Claro está que al crecer la ocupación con el aumento del producto, los trabajadores mejoran la “posición negociadora” de sus salarios, aumentando la posibilidad activar el proceso inflacionario, pero como afirmaba Abba Lerner,  aun con “bajo pleno empleo” podemos encontrar inflación.

Para el punto 2) el crecimiento de los países periféricos (y estrictamente todo el mundo menos EEUU) dependen del financiamiento en dólares como límite, que se obtiene a largo plazo sólo de las exportaciones al resto del mundo.Y no es que se trata de la falta de “competitividad” por un tipo de cambio “atrasado” o bajo, el que genera la posibilidad de que un país se quede sin divisas. Wray entra en este tema hablando de la periferia europea, con una hipotetica  salida de Grecia del euro, donde una devaluación solucionaría este tema.

La historia regional sudamericana del “stop and go” modificada luego de los ’70 con la irrupción de los flujos financieros nos ilustra que no es cierto que exista una elasticidad-precio de las exportaciones importante (ver ACA, ACA) para suponer que una devaluación vuelve a ubicar al país en la senda del crecimiento sostenido sin restricción externa.
Y por el contrario, existe por ej. en la Argentina, una elasticidad-ingreso de las importaciones que duplica la de exportaciones, (ver ACA) que impide crecer sostenidamente al mismo ritmo que el resto del mundo, sin financiamiento en divisas y fundamentalmente sin un plan de sustitucion de importaciones y de desarrollo.