El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

21 de mar. de 2015

El enfoque sraffiano



Por Carlos Pinkusfeld Bastos*



El enfoque sraffiano lleva el nombre del economista italiano Piero Sraffa, cuya obra toma su fundamento teórico e inspiración. Sraffa, sin embargo, era un economista sui generis con una producción publicada limitada y dispersa en el tiempo. Son tres, por así decirlo, sus grandes contribuciones: artículos 1925 y 1926 criticando a la teoría marshalliana de la competencia perfecta de la empresa en equilibrio parcial; la introducción para su exquisita edición de las obras completas de David Ricardo en 1951; y su pequeño libro de 1960, Producción de mercancías por medio de mercancías. A pesar de estar dispersos en el tiempo, se puede ver, y esa impresión se ve reforzada por un examen de sus documentos personales inéditos, un claro resultado en términos de programa de investigación con doble propósito: por un lado critican la consistencia lógica de la teoría dominante (escuela marginalista, neoclásica) y por otro ofrecen una alternativa teórica y metodológica libre de tales limitaciones.

Por lo tanto, la evolución de los trabajos de Sraffa parte de la crítica del equilibrio parcial de Marshall y la teoría de la competencia perfecta, incluye la reconstrucción del marco lógico y metodológico del enfoque del excedente clásico (una larga tradición que reúne las contribuciones de los fisiócratas a Marx), y culmina con la crítica al modelo de equilibrio general de la escuela marginalista y la formulación de una teoría de los precios y la distribución libre de las inconsistencias lógicas de la teoría del valor-trabajo heredado de Ricardo y Marx.

Las tareas del programa de investigación de Sraffa tienen consecuencias importantes para el análisis macroeconómico. Inicialmente, al demostrar la imposibilidad lógica de una determinación simultánea de los precios y cantidades de equilibrio entre la oferta y la demanda, se elimina al mismo tiempo, la tendencia de la economía al pleno empleo de los factores de producción y sobre todo de la mano de obra, así como la idea de que la remuneración de los factores (específicamente los salarios) son la contribución marginal del trabajador al producto.

Como alternativa al “callejón sin salida" de la determinación simultánea del enfoque ortodoxo marginalista, Sraffa y sus seguidores, como Garegnani (1984) proponen un enfoque metodológico diferente - la separación de la determinación del producto y distribución / precios en dos, o niveles de análisis no simultáneos: una teoría del núcleo en el que determine los precios relativos y una variable distributiva (ganancias o salario) y por por el otro, el estudio de las relaciones fuera del núcleo de variables tales como la acumulación de capital, formación de los salarios, tasas de interés, el progreso técnico, etc.

El precio asume la forma de relaciones matemáticas exactas, que fueron expresadas por Sraffa en ecuaciones de precios de producción de mercancías básicas. Es importante destacar que, como señaló Mongiovi (1996: 221.): "No hay nada que evite estudiar fenómenos fuera del núcleo de una manera formal o matematizado, y de hecho, siempre es útil hacerlo (como en las teorías crecimiento o analizar los problemas de la demanda efectiva). No quiere decir que simplemente las relaciones fuera del núcleo son menos generales; ellas son también radicalmente más complejas.Por lo tanto, el análisis formal de, digamos, el producto o los salarios reales, o la influencia de los cambios en el producto en los costos a largo plazo son necesarios e irremediablemente imprecisos, debido a que es imposible capturar todos los efectos de retroalimentación resultantes del cambio de juego de datos iniciales, y también porque no todos los factores que influyen en los resultados tienen una naturaleza cuantitativa”.
En resumen, en la teoría clásica están dados el producto social (tamaño y composición), la técnica (técnicas o de producción) y una variable distributiva, que puede ser el salario real o la tasa de interés.
Por lo tanto, contrariamente a lo que erróneamente deduce la teoría marginalista, la economía de mercado no garantiza la tendencia de la economía al pleno empleo y, además, hay una necesidad lógica de la economía en buscar un método alternativo para la determinación de la renta y el producto. Así, el enfoque sraffiano es más compatible con la versión del principio de la demanda efectiva en el largo plazo, que propone que los ingresos, la producción y el empleo en el largo plazo son determinados por las decisiones independientes sobre el gasto. Este enfoque necesita una teoría de este tipo para proporcionar la información necesaria para determinar su núcleo teórico.

Las consecuencias prácticas son radicales en términos de la comprensión del funcionamiento de las economías capitalistas. La tasa de acumulación y los niveles del producto per cápita a largo plazo son decisiones que dependen de una mayor o menor disposición del gobierno a gastar, con la generación de progreso técnico (permitiendo, por ejemplo, una inserción internacional más virtuosa) o la existencia de un sistema de crédito elástico que garantice el acceso a financiamiento para las empresas y familias, aumentando así en último caso, el gasto de consumo autónomo. Todas estas decisiones son externas al núcleo, es decir, dependen de decisiones políticas e institucionales relacionados con la gestión, en gran parte por el gobierno en toda la economía.

Obviamente, si la economía no tiende al pleno empleo de la mano de obra por el equilibrio entre la oferta y la demanda, no hay también algo así como un equilibrio de salario que iguala la remuneración a la productividad marginal del trabajo. El salario puede determinarse fuera del núcleo, y depende, de nuevo, de una compleja interrelación fuerzas políticas y sociales y también específicamente económica, el ritmo de acumulación y en consecuencia la reducción de la tasa de desempleo.
Un argumento como este ataca, por ejemplo, a la vieja idea de que la rigidez salarial o bien un nivel de salario real muy alto compromete el nivel de empleo, que durante mucho tiempo se había planteado para explicar el comportamiento del mercado de trabajo europeo.
Por el contrario, los salarios más altos determinados por la fuerza política de los trabajadores - ahí teniendo en cuenta su influencia en las políticas de salario mínimo, las prestaciones por desempleo, y la organización relativa tolerancia de los trabajadores, etc. - pueden generar, a través del consumo inducido y también incluso el autónomo, un aumento de la producción en el corto y largo plazo. 
La cuestión de la determinación del salario, ya no está en equilibrio de pleno empleo entre la oferta y la demanda en el mercado laboral, y sí en el conflicto distributivo, que tiene un impacto importante en el estudio de la inflación.

Se corta la relación directa, o más bien una relación persistente a largo plazo, entre el exceso de demanda en los mercados de bienes y de trabajo y la elevación también persistente en el nivel de precios.
Después de todo, como la oferta en el mercado de bienes, o la creación de capacidad productiva, reacciona a la dinámica de la demanda, junto con la ausencia de pleno empleo de la tendencia laboral en el largo plazo, la inflación es el resultado de cambios en las variables de costos, como los salarios nominales, tipos de cambio, precios de las commodities, cuya explicación debe incorporar múltiples elementos, muchos de ellos fuera del estricto ámbito macroeconómico. Ya hemos mencionado las relaciones políticas y sociales que pueden afectar la dinámica de los salarios, y recordar que el precio de los productos básicos puede depender de factores complejos, tales como la dinámica de la economía mundial, tanto en términos de crecimiento como cambios de trayectoria financiera, transformaciones geopolíticas, cambios estructurales en las relaciones comerciales entre los países y las regiones y los cambios tecnológicos, entre otros.

La escuela sraffiana, como se mencionó anteriormente, tiene su inspiración inicial de las contribuciones seminales de Piero Sraffa y consolidada gracias a los avances de autores como Pierangelo Garegnani y Luigi Pasinetti, dialoga e incorpora contribuciones de otras vertientes heterodoxas, como quedó claro con la inclusión del principio de la demanda efectiva como elemento de definición del producto agregado que alimentarán a la determinación de los precios relativos y la distribución en el núcleo de la teoría. Aunque existen diferencias naturales en los enfoques individuales, hay aspectos en este diálogo que tienden hacia una mayor convergencia en términos principalmente de la formulación de políticas, que hacia una incompatibilidad absoluta.

Un punto importante del enfoque sraffiano se refiere a la tasa de interés monetaria nominal, cuya determinación exógena por la autoridad monetaria, llevaría a través de su relación con la dinámica de los salarios nominales, a una determinación de la variable distributiva de forma distinta que el abordaje clásico tradicional. En esta última, el salario real se toma como exógeno al núcleo de la teoría, como se ha mencionado anteriormente.

Siguiendo las sugerencias del propio Sraffa, Pivetti (1991) trató de desarrollar una teoría de la determinación monetaria de la inflación en la cual "la tasa de interés monetaria es vista como una determinante autónoma de los costos monetarios normales de producción".
Dado el tipo de interés financiero de largo plazo sin riesgo, y dado el salario nominal, que es un resultado directo de la negociación salarial, el nivel de precios puede ser determinado por un sistema de ecuaciones à la Sraffa "(Pivetti, 2007, p. 243). Es decir, la dinámica de las dos variables nominales conduce a un cambio en los precios que finalmente genera los valores reales de las variables distributivas - beneficios reales y los salarios reales - de la economía.

Obviamente, este mecanismo deja espacio para una discusión importante de la política económica, y en consecuencia de la elaboración de políticas, sobre cuál variable tendría una «primacía» en la determinación de la variable exógena a distributiva en las ecuaciones de precios. Para Pivetti, esta primacía estaría en la tasa de interés nominal en la medida en que la autoridad monetaria tendría el poder para establecer un nivel de interés que garantice una cierta tasa real de rendimiento del capital. Ya en Serrano (1993, p. 122) se establece el punto de que "siempre habría una tasa de crecimiento de los salarios monetarios que produce una inflación necesaria para reducir la tasa de interés real, y por lo tanto los beneficios, de tal manera que los trabajadores obtendrían sus salarios reales deseados”. Es importante recordar que, además del tema específicamente distributivo, con impactos directos sobre la dinámica inflacionaria, la autoridad monetaria puede también tener en cuenta, en la determinación de la tasa de interés nominal, las consideraciones en cuanto a la política de fomento de la acumulación de capital y, en una economía abierta la sostenibilidad externa.

Este enfoque teórico para el estudio de la inflación ha sido desarrollado por varios autores como Stirati (2001), ACA y hay aplicaciones para el caso de Brasil (véase el IPEA, 2010, capítulo 4, por ejemplo). Dentro del mismo marco analítico, Stirati (2013) ha explorado la relación entre un posible impacto del proceso de financiarización actual en el camino de las tasas de interés y la distribución del ingreso en los Estados Unidos.

Por lo tanto, el cambio de paradigma teórico y metodológico realizado por Piero Sraffa en su crítica del enfoque marginalista dominante, abre un universo muy rico de posibilidades de estudios empíricos y en consecuencia de formulación de políticas que, al mismo tiempo, es convergente y se alimenta de otras vertientes heterodoxas, incorporando elementos clave que dependen de las relaciones socio-económicas, de las políticas nacionales y de la geopolítica internacional en cada período histórico.


* Es profesor del Instituto de Economía /UFRJ de Rio de Janeiro


17 de mar. de 2015

Los productores de petróleo son los más afectados




Contrariando una vez más la mayoría de los pronósticos, el dólar volvió fortalecerse tanto en relación a las commodities como en comparación con el resto de las monedas nacionales. 

La fuerte recuperación de la economía y la notoria reducción del empleo estadounidenses hacen prever que la FED comenzará a subir las tasas de interés aumentando el premio de los activos norteamericanos. Esto sucede al mismo tiempo que en Europa y Japón las autoridades monetarias decidieron aumentar los estímulos, buscando amortiguar las tendencias deflacionarias que sufren desde hace años. A modo de ejemplo, los títulos a 10 años hoy rinden aproximadamente un 2% en EE UU y menos del 0,5% en Japón y Alemania. A este panorama se agregan los cambios observados en el mercado internacional del petróleo. Tanto la producción como las exportaciones norteamericanas de hidrocarburos están creciendo notablemente, hecho que empujó a la baja el precio internacional del crudo y tendió a revertir el déficit comercial del país, el cual también mejora con la apreciación del dólar, ya que las importaciones se abaratan debido a que la mayoría de los bienes que se transan en los mercados internacionales se cotizan en dicha moneda. Así, la reducción del déficit de cuenta corriente norteamericano también hace prever una menor abundancia de dólares para la economía mundial.  

Un dólar fuerte equivale una devaluación del resto del mundo y a un reflujo de capitales hacia Estados Unidos, con el consiguiente impacto en materia de inflación y sostenibilidad externa, en especial en los países periféricos. 

Los más afectados por el momento son los países productores de petróleo, como Rusia, Venezuela, Irán e incluso Brasil, que sufrieron fuertes devaluaciones en los últimos meses. Por el momento es difícil adivinar por cuanto tiempo el petróleo se mantendrá en estos niveles, ya que peligran numerosos proyectos de inversión, como el propio fracking liderado por EEUU, el Presal brasileño, etc., lo que haría prever una reducción de la oferta a futuro. 

Pero si se tiene en cuenta que la mayoría de las materias primas también registraron caídas en sus cotizaciones, es poco probable que algún país de la región salga indemne a estos cambios. De cualquier modo, la acumulación de reservas internacionales y el fuerte desendeudamiento en dólares alcanzado por casi todos estos países en la última década, tornan improbable una crisis de deuda como la padecida durante los años ochenta.

9 de mar. de 2015

Retorno al mercado


Por Matías Vernengo *

Todo indica que el default, que parecía inminente después de la decisión del juez Thomas Griesa y que en definitiva fue vista como tal por varios agentes del mercado, como por ejemplo la International Swaps and Derivatives Association (ISDA), pasó de largo. Más allá de lo que ocurra en el ámbito político, un golpe de Estado financiero, como el que sufrió Raúl Alfonsín, es muy improbable. Pero la cuestión de la deuda externa seguirá vigente, y el próximo gobierno tendrá que lidiar con ella.

La reestructuración de la deuda externa en 2005 y 2010 fue muy bien realizada, y es verdad que objetivamente se ha reducido la deuda. Según los datos del Banco Mundial, la deuda externa total como proporción de las exportaciones cayó de 380 por ciento en 2000 a aproximadamente 138 por ciento en 2013. El servicio de la deuda, el pago de los intereses, como proporción de las exportaciones cayó, en el mismo período, de 64 por ciento a poco menos de 34 por ciento. Las exportaciones son la fuente segura de divisas necesarias para pagar a los acreedores externos. Algo similar se observa con la relación entre reservas internacionales y obligaciones de corto plazo, aunque las reservas hayan caído en los últimos años. En otras palabras, el riesgo del default es pequeño, y el ataque de los buitres, que con el vencimiento de la cláusula RUFO (Rights Upon Future Offers) que prohibía pagarles más a los holdouts, también podría ser resuelto sin mayores problemas, aunque probablemente sólo ocurrirá con el próximo gobierno.

La caída del precio del petróleo y de los costos energéticos que presionan la cuenta corriente en general, las tasas de interés domésticas más altas y la crisis internacional que no termina y que mantiene las tasas de interés internacionales en niveles bajos, han ayudado a reducir la presión sobre el tipo de cambio. Por eso, una corrida al dólar, típica de los defaults, y de las crisis externas, puede ser evitada. La cuestión es cómo superar el estrangulamiento externo, que está por detrás del estancamiento económico, que parece ser algo a lo cual el Gobierno se ha conformado. Y es por eso que aunque el país se haya desendeudado, y el fantasma del default no este presente, el problema de la deuda externa sigue vigente. No se puede esperar un boom de exportaciones, ni por el lado de los precios internacionales, ni por la mítica devaluación que incrementaría la competitividad externa, y sin acceso a los mercados de capitales internacionales las posibilidades de crecer se ven acotadas por el equilibrio de la cuenta corriente. El viejo problema de restricción externa está, en este caso, simbióticamente conectado con la cuestión de la deuda externa.

De hecho, el desendeudamiento del gobierno federal ha ocurrido conjuntamente, en los últimos años con el creciente endeudamiento en dólares de algunas provincias y gobiernos municipales, como el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Las dos cosas no están necesariamente separadas, una vez que si el gobierno nacional aumentara las transferencias fiscales, los préstamos externos sub-nacionales no serían necesarios, pero el déficit externo sería mayor. El endeudamiento de los gobiernos sub-nacionales en parte agrava los problemas futuros, una vez que estos no tienen fuentes de recursos en dólares, y históricamente sus deudas externas fueron de algún modo asumidas por el gobierno federal. El endeudamiento a nivel sub-nacional, que a veces es necesario para financiar la inversión en infraestructura, por ejemplo, debería ser en moneda nacional, pero eso justamente pondría en evidencia los límites impuestos por la cuenta corriente a la expansión del gasto público.

En ese sentido, el gobierno de Kirchner, que manejó con coraje y de modo eficiente la renegociación de la deuda externa, ha también diseminado la idea de que endeudarse es siempre una mala idea. Y es verdad que la deuda en moneda extranjera es más peligrosa que la denominada en moneda nacional, una vez que el peligro de default en el primer caso es real. Sin embargo, la idea de que toda deuda externa es mala es también peligrosa. La idea de las finanzas funcionales, de que el uso, la función de la deuda es lo que importa, también puede y debe ser aplicada a la deuda externa. El problema de la deuda en moneda extranjera no es tanto la deuda misma, sino cómo se utiliza. Si la deuda se usa para estimular el crecimiento, diversificar la estructura productiva y las exportaciones, y para reducir las importaciones, y en el caso especifico nuestro, reduciendo la dependencia energética externa, haciendo la cuenta corriente más sostenible a largo plazo, el retorno a los mercados de capitales no sería mala noticia. La alternativa es seguir estancado.

* Profesor de la Universidad de Bucknell. Maestría en Desarrollo Económico de la Unsam.


Original: Pagina 12

28 de feb. de 2015

John Eatwell: 'in combating austerity: pure theory matters'.


We received from  Professor Franklin Serrano:

A recent talk by Cambridge Lord John Eatwell explaining the insufficiency of critiques based on purely empirical evidence or theoretical market imperfections (or frictions) of the neoclassical view of the market mechanism (which is the basis for auterity policies ). spoiler: in the end he says we must put kalecki´s version of the principle of effective demand and sraffa´s work on relative prices and distribution together : 'in combating austerity: pure theory matters'. St Catharine's Political Economy Seminar, 21 January 2015.

Una reciente exposición por parte de Lord John Eatwell explica la insuficiencia de las críticas en base a pruebas puramente empíricas o imperfecciones teóricas de mercado (o fricciones) de la visión neoclásica del mecanismo de mercado (que es la base para las políticas de austeridad). Spoiler: al final él dice que debemos poner la version de kalecki del principio de la demanda efectiva junto al trabajo de Sraffa de los precios relativos y la distribución: 'en la lucha contra la austeridad: las cuestiones de teoría pura importan ". Economía Política Seminario de St Catharine 21 de enero de 2015.


18 de feb. de 2015

Institucionalismo y Teoría Economica: del "neoclasicismo" a la Teoría Clásica


Por Enrico Sergio Levrero*



Tomado de la Revista de Economía Institucional, número 31, volumen 16, segundo semestre de 2014, pp.81-99
En este trabajo el autor examina el núcleo clásico y marginalista de la teoría economica, mostrando sus diferencias y el porqué el esquema del excedente permite incorporar aspectos sociales e institucionales para explicar la economía. Tambien se analiza las dificultades del institucionalismo norteamericano en incorporar esta teoria, y ascribir a la posicion marginalista, dando un mayor soporte a su difusion.


1-Una de las críticas al institucionalismo y la razón para que fuera empujado a los márgenes de la teoría económica es que no propuso un sistema teórico viable para determinar el valor y la distribución que
triunfara sobre el paradigma neoclásico. Esta debilidad fue evidente, por ejemplo, en el cambio progresivo de la economía laboral desde institucionalistas estadounidenses como E1y, Commons y Hoxie al "neoclasicismo" de Stig1er, Becker y Mincer. También fue evidente en la derrota de la escuela histórica alemana en el Methodenstreit por Menger y los economistas austriacos.

Si la falta de una estructura analítica y de una teoría del valor alternativa a la neo clásica debilitó a la escuela histórica alemana y al viejo institucionalismo 1 , esa estructura analítica hoy podría ser proporcionada por la teoría clásica, cuyo origen se remonta a la escuela histórica escocesa de Hume, Hutchinson y Ferguson, y cuyos problemas en la determinación de los precios relativos y la tasa de ganancia fueron resueltos por Producción de mercancías por medio de mercancías de Sraffa. El método de los clásicos -caracterizado por la combinación del razonamiento deductivo e inductivo- es semejante al de Marx: a la teoría del valor se le atribuye una tarea más estrecha que en la teoría neoclásica, mientras que en los datos que determinan los precios -métodos de producción, tasa de salarios y producto (social- influye un conjunto de circunstancias económicas, históricas y sociales que se analizan en otra etapa del análisis.

Este artículo busca explicar por qué el institucionalismo no se convirtió en el punto de referencia en teoría económica, y mostrar que la teoría clásica puede incorporar muchas de sus contribuciones, a diferencia de la teoría neoclásica. Presenta un ejemplo de esta capacidad y del papel esencial de los factores sociales e institucionales en la teoría de Smith y Ricardo con respecto al mercado de trabajo.

2-LA DERROTA DEL VIEJO INSTITUCIONALISMO
Dos casos de la historia del institucionalismo pueden ayudar a aclarar por qué fue empujado a los márgenes de la teoría económica.
Uno se refiere a la economía laboral; el otro a los debates sobre el método entre economistas neoclásicos como Menger, Fisher y Knight, por una parte, y la escuela histórica alemana y el institucionalismo estadounidense, por la otra. Considerando el primer caso, Spencer observa con razón que los institucionalistas no "propusieron un sistema teórico viable"y que los neoclásicos "triunfaron en el debate porque sí 10 proporcionaron" (2009,109). Pudieron entonces "ignorar a los economistas laborales institucionalistas porque solo hacían una crítica negativa y no ofrecían una teoría alternativa". Y de institucionalistas estadounidenses como Ely, Commons y Hoxie -que fundaron la economía laboral (McNulty, 1980; Boyer y Smith, 2001)- se pasó así a la segunda generación de economistas laborales (Dunlop, Kerr, Lester, Reynolds), que empezaron a utilizar herramientas de la teoría neoclásica (aunque aún subrayando el papel esencial de los factores sociales e históricos en el mercado de trabajo), para dar el paso definitivo al neoclasicismo, con las obras de Stigler, Becker y Mincer.

Las consecuencias de este cambio son claras. Por ejemplo, al subsumir totalmente el análisis del trabajo en el aparato técnico de la economía neoclásica, la teoría del capital humano de Becker (1964) y Mincer (1974) despojó al concepto de trabajo de su contenido social, histórico e institucional. Eso mismo se puede decir de la apertura de la caja negra de la información imperfecta y asimétrica en el mercado laboral desde la década de 1970 (Alchian y Demsetz, 1972; Williamson, 1975; Akerlof y Yellen, 1986). En la literatura que subraya esas asimetrías, las fuerzas de la oferta y la demanda siempre están presentes, aunque congeladas por hipótesis ad hoc, mientras que se olvida la importancia de las necesidades humanas y de los aspectos sociales y culturales del sitio de trabajo. Además, ignora las dificultades relacionadas con una medida unívoca del esfuerzo y con la determinación de una relación definida entre este último y la tasa de salarios, y la motivación del trabajo se reduce a la evasión y el oportunismo. Igual que en la doctrina mercantilista (ver, p. ej., Mun, 1664), se considera que el trabajador es perezoso y que solo se debe elegir entre usar el garrote o la zanahoria para incentivarlo a trabajar.

3. Pero, de nuevo, ¿qué explica el paso a la teoría neoclásica? Si consideramos la experiencia estadounidense, ¿qué favoreció el predominio marginalista después de un periodo de fuerte presencia institucionalista en las universidades y en el debate científico, pese al sentimiento general de que en el corto plazo desaparecería cualquer teoría del valor basada en el cálculo hedonista (Parry, 1921a, 128)?
La respuesta no se encuentra en el creciente formalismo de la economía (B1aug,2003), pues neo clásicos como Marshall y Menger eran conscientes de sus peligros 2, y este fue en gran medida consecuencia de la evolución de la teoría marginalista después de la división que siguió a la publicación de Valory capital de Hicks3• Tampoco se encuentra en el predominio, en el momento de dar ese paso (o, mejor, de su epílogo
final), de la posición metodológica de Milton Friedman (1953), para quien el realismo de los supuestos no es importante en el desarrollo de la teoría económica. Igual que en el caso de la economía laboral, parece encontrarse en la falta de una teoría del valor alternativa a la neoclásica.

Este punto se puede entender revisando la experiencia de la escuela histórica alemana y del Methodenstreit en el que triunfaron Menger (1883-1884) y los economistas austriacos. Cuando se revisa ese debate queda claro dónde estaba la debilidad del institucionalismo: el énfasis correcto de Roscher y Hildebrand en la existencia de leyes económicas históricas relativas -así como el énfasis correcto de Schmoller y la joven escuela histórica alemana en la necesidad de investigaciones empíricas para clasificar los fenómenos económicos y derivar leyes económicas- fue criticado fácilmente por Menger (y después de él por Bohm- Bawerk, 1890; Robbins, 1984; y Schumpeter, 1982) apelando a la necesidad del razonamiento analítico y la abstracción" para dar a la economía un marco teórico que ayudara a analizar las tendencias
de los sistemas económicos.

De hecho, la crítica de Menger a la escuela histórica alemana no estaba exenta de ambigüedades y contradicciones, y en gran medida no se puede concordar con ella. Menger sostenía que solo se debía pasar de unidades y elementos únicos a leyes más complejas, y que los axiomas económicos surgen de hechos de la experiencia que no son verificables empíricamente. Al mismo tiempo, propuso una visión dinámica y evolutiva del funcionamiento de los sistemas económicos que dio origen a la noción austriaca de competencia (Kirzner, 1973); una noción que no es fácil reconciliar con el concepto neo clásico de equilibrio basado en las fuerzas de la demanda y la oferta, con su énfasis en el tiempo lógico, en cambios "falsos" y reversib1es, en intercambios que solo ocurren a los valores de equilibrio, etc.
Sin embargo, el punto es que ningún enfoque de la economía puede evitar la necesidad, subrayada por Menger, de una teoría coherente del valor para analizar la dinámica de las economías capitalistas. Lo que no entendió la escuela histórica alemana es que sin esa teoría no es posible explicar el funcionamiento de un sistema de mercados y su evolución. El ataque de Schmoller a Menger no se debería haber concentrado en la necesidad de investigaciones históricas y análisis inductivos, sino en el tipo de teoría que propuso Menger, de acuerdo con la cual serían suficientes algunas premisas evidentes (Barkai, 1996) para explicar la acción económica como asignación de recursos escasos entre usos alternativos para maximizar la utilidad.



Ver todo el trabajo ACA

*Profesor asociado, Facultad de Economía, Universidad de Roma III
[enricosergio.levrero@uniroma3.it]. Este ensayo es una reelaboracion de la
conferencia pronunciada en la First Summer School of the European Association
of Evolutionary Politic al Economy. Traducción de Alberto Supelano. Fecha de
recepción: 4 de junio de 2013, fecha de modificación: 2 de mayo de 2014, fecha
de aceptación: 29 de octubre de 2014. Sugerencia de citación: Levrero, E. S.
"Institucionalismo y teoría económica: del 'neoclasicismo' a la teoría clásica",
Revista de Economía Institucional 16, 31, 2014, pp. 81-99.

1 Aquí no nos referimos al nuevo institucionalismo de Williamson, Posner
y Olson, que -siguiendo a Hayek y a Menger (1871 y 1892)- interpreta la
evolución institucional como resultado de comunicaciones e interacciones de
agentes racionales individuales en forma no planeada. Sobre las limitaciones de
esta visión, ver Hodgson (1988), quien subraya que en "el estado de naturaleza"
también debían existir reglas y normas sociales para que hubiera interacciones entre
agentes, y que muchas instituciones son el resultado de conflictos entre grupos
sociales, porque protegen los intereses de la clase dirigente. Sobre este aspecto,
ver North (1990), quien señala que se pueden crear y mantener instituciones
"ineficientes" si favorecen a algún grupo social.

2 Como se sabe, Bohrrr-Bawerk, Marshall, Menger y von Wieser no consideraban
las matemáticas como herramienta de investigación sino como representación del
discurso económico. Fisher, Walras y Wicksell, y más tarde Debreu y Koopmans
adoptaron una posición diferente.
3 Aquí no me refiero al razonamiento deductivo en sí mismo, el cual es necesario
en toda teoría, ni al uso de las matemáticas cuando es apropiado, sino
al proceso de a..xiomatización y formalización que ha vaciado progresivamente
los conceptos económicos de su contenido empírico, desviando la atención a la
consistencia lógica, argumentando que en economía, a diferencia de lo que ocurre
en las ciencias naturales, no hay una base empírica o experimental suficiente
para extraer principios científicos (ver Debreu, 1986 y 1991). Esto ha llevado
a abandonar la idea de Keynes de que en economía necesitamos un sistema de
pensamiento y no una estructura axiomática, y de que "buena parte de la teorización
económica se ve perjudicada porque trata de aplicar métodos matemáticos
muy precisos a un material que es en sí mismo demasiado vago para soportar
ese tratamiento" (Keynes, 1973, XIV, 379). Sobre el formalismo en economía, ver
también Backhouse (1998).

4 El punto en cuestión debería haber sido la necesidad de una teoría del valor,
pues la vieja escuela histórica alemana no negó la necesidad de la abstracción,
como aparece implícita, por ejemplo, en la teoría de las etapas de desarrollo
propuesta por List o Hildebrand. Pero la falta de una teoría del precio alternativa
la debilitó. Ver más adelante.

7 de feb. de 2015

El efecto Zorba

Por Claudio Scaletta




Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. Syriza, cuyas siglas significan Coalición de la Izquierda Radical, llegó al poder y ya gobierna el país de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Si bien el origen de la agrupación fue un desprendimiento del viejo Partido Comunista Griego, que derivó luego en variantes más moderadas de “eurocomunismo”, no se trata estrictamente de una izquierda radical como se la entiende en la política latinoamericana, sino de una forma de lo que, también aquí, se denomina “populismo”. Los rótulos, sin embargo, son una limitación a la hora de comprender un fenómeno que podría transformar el statu quo de la política económica europea y mundial.

Parece mucho, pero lo que hoy manifiesta el caso griego es la disputa entre dos modelos de de- sarrollo: el ajuste permanente que privilegia el equilibrio contractivo de las cuentas públicas, cuya contrapartida siempre fue la concentración del ingreso, y la desarticulación del Estado benefactor, versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso, con énfasis en el estímulo a la demanda agregada como conductora del crecimiento sostenido. Sepultadas las ruinas del llamado socialismo real y avanzado el siglo XXI, la verdadera dicotomía de la economía política dejó a un lado la contradicción entre capitalismo y revolución para trasladarse a la puja intracapitalista entre ortodoxia excluyente y heterodoxia incluyente de raíz keynesiana-kaleckiana.

El desafío griego es entonces doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, bajo una evidente asimetría de poder, y económico, a los modelos de ajuste estructural impulsados por el ganador de época: el poder financiero representado en Europa por las decisiones de la “troika” FMI, Banco Central Europeo (BCE) y Comisión Europea (CE). El partido que se disputa en Grecia, en el estadio del laboratorio de la historia, concentra la atención tanto de quienes conducen la política mundial, como de los científicos sociales. Observar desde la platea será también una experiencia fascinante, más cuando los desafíos griegos se parecen mucho a los que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y de Latinoamérica en general.
Pasemos, pues, al laboratorio.

La entrada al euro

Grecia ingresó al euro en 2003. Por entonces Italia ya tenían indicadores de deuda y déficit bastante deteriorados y quedaban pocas excusas para seguir dejando fuera a Grecia. Años después, en 2009, se descubriría que los parámetros de Maastricht para ingresar en la Eurozona se habían cumplido gracias a la contabilidad creativa de Goldman Sachs.
Entre 2003 y 2009, el principal gasto de Grecia fue el militar. Durante muchos años el país fue el principal comprador de armas de Alemania, y el tercero de Francia. Se estima que estos gastos explican unos 150 mil millones de dólares de la deuda pública. A fines de 2009, asumió Yorgos Papandreu de la mano del Pasok, el Partido Socialista Panhelénico, y se transparentó que la crisis era peor de lo que se creía. Aunque el contagio no fue inmediato, en Europa comenzaban a sentirse los efectos de la crisis estadounidense de 2008 vía el estallido de la burbuja inmobiliaria en Irlanda. A fines de 2009, el panorama emergente en Grecia después de seis años dentro del euro era el de un país altamente endeudado en una moneda que no emitía. Las acreencias no eran sólo del sector público, también del privado, tanto empresas como bancos habían aprovechado la “plata dulce” que fluyó con la entrada al sistema monetario europeo. Los acreedores eran fundamentalmente bancos alemanes y franceses, que participaron también del auge de una pequeña burbuja inmobiliaria. Todavía hoy el 45 por ciento de las hipotecas tienen distintos grados de irregularidad.

AUSTERIDAD Y RESCATES

Por esta época, se iniciaron políticas de austeridad draconianes. Había razones muy reales para impulsarlas. El déficit fiscal alcanzaba un increíble 15 por ciento del Producto y el balance comercial era desastroso. Las exportaciones eran de apenas unos 20.000 millones de dólares y las importaciones de alrededor de 60.000 millones. El gap externo se financiaba con entrada de capitales.
Las fuentes de ingreso de divisas de la economía griega son el turismo y el transporte marítimo. Existe algo de agricultura y un pequeño sector industrial, en parte de alta tecnología, aunque con costos altos.

La deuda externa de entonces rondaba el 130 por ciento del PIB, y muchos analistas advertían que era impagable. En el mismo 2010 llegó, no sin demoras, el primer programa de rescate por alrededor de 110 mil millones de euros. La estrategia de la troika fue alargar la crisis para darles tiempo a los bancos alemanes y franceses a que descarguen sus papeles griegos. El camino fue prestarle al sector público a través de distintos fondos e instrumentos financiados por el sector público europeo y que con este dinero Grecia les pague a los bancos. Pero los fondos no alcanzaron y fue necesario recurrir a un nuevo rescate, esta vez por alrededor de 150 mil millones de euros adicionales.

Reestructuraciones

A pesar de los dos rescates, las obligaciones siguieron sin poder pagarse, por lo que Grecia impulsó dos renegociaciones voluntarias de su deuda con acreedores privados. La primera fue en 2011 y significó una quita del 50 por ciento. La segunda, en 2012, sobre el 50 por ciento que quedaba recortó otro 75 por ciento. Como los bancos extranjeros ya habían abandonado su exposición, los principales afectados fueron los fondos de pensión y los bancos griegos. Mientras tanto, a los acreedores públicos se les siguió pagando el ciento por ciento. Hoy los principales acreedores son el BCE y el fondo de estabilización. Aunque la quita fue más grande que la de Argentina, fue sólo con los privados. En tanto se sumaron dos préstamos por algo más 260.000 millones de euros más papeles en torno de los 30.000 millones que compró el BCE, unos 290.000 millones adicionales.
Al presente, la deuda pública ronda el 175 por ciento del PIB. Los fondos de los rescates se destinaron a pagar capital e intereses de deuda, recapitalizar bancos, y una parte menor, el 11 por ciento, a financiar gasto público. Los principales vencimientos ocurrirán este año, por unos 20 mil millones. Comienzan ya a fines de febrero. Aunque en 2014 se consiguió un superávit primario, el excedente no alcanza para pagar los próximos vencimientos. La situación es de déficit financiero.
Aunque en 2009 era imposible negar la necesidad de un ajuste, el problema fue cómo se instrumentó. La austeridad podría haber sido mucho menor si también se hubiese involucrado a la totalidad de los acreedores, es decir, si se hubiese ensayado una reestructuración con quita y no sólo una transferencia de los pasivos desde los privados a los Estados, privilegiando el rescate de los bancos alemanes y franceses.

Escarmiento

Si la troika pretendía un escarmiento para el mal alumno, los resultados globales de las políticas de austeridad iniciadas en 2009 muestran que lo consiguió. El ajuste fue del 10 por ciento del PIB en cuatro años, el mayor registrado en el mundo occidental. Previsiblemente, se provocó un parate tremendo en la economía: el Producto cayó 25 puntos. El desempleo total subió al 27 por ciento y el juvenil superó el 50. Unos 200.000 jóvenes, mayormente con alta capacitación, abandonaron el país, mientras las oligarquías fugaron capitales. En tres años el costo salarial griego cayó más del 20 por ciento. Las jubilaciones y pensiones se redujeron el 45 por ciento. Entre la población infantil la pobreza superó el 40 por ciento, mientras que uno de cada tres griegos es pobre. También reaparecieron enfermedades que habían sido erradicadas, subió la mortalidad infantil y se multiplicaron las muertes por falta de tratamientos de sida.

A perpetuidad

Si bien los pagos de deuda, a pesar del volumen global del endeudamiento, no son tan grandes debido a los relativos bajos intereses, son suficientes para seguir en déficit a pesar del impresionante ajuste. La proyección, entonces, era seguir aumentando el superávit primario en un marco de descalabro social y recesión. Además se necesitaría un tercer rescate, lo que aceleraría las demoradas privatizaciones y se daría una nueva vuelta de tuerca sobre el mercado de trabajo, con más despidos. Vale recordar que antes del segundo rescate se estableció un ambicioso programa de privatizaciones que se suponía recaudaría 50.000 millones de euros, pero nunca se instrumentó a fondo. De hecho, apenas asumió, el nuevo gobierno frenó dos procesos muy cuestionados, el del puerto del Pireo, en Atenas, el más importante de Grecia, y el de la compañía eléctrica.

Crisis política

Antonis Samaras, el líder de Nueva Democracia, un partido de centroderecha apoyado por Angela Merkel, asumió en 2012 en medio de la crisis política que provocó la caída de Papandreu. Su ascenso se produjo en medio de una campaña de miedo a lo que podría pasar si el país salía de la Eurozona. Todavía hoy los griegos no quieren salir del euro. Dicho en términos argentinos, la situación es similar a la de fines de la convertibilidad. Pero el punto es que Grecia está en el 2001 desde 2010. Samaras advirtió pronto que necesitaría un tercer rescate, algo extremadamente impopular. Esta percepción fue la que estuvo por detrás del adelantamiento de las elecciones. El ex primer ministro sabía que perdería y que ganaría Syriza. Su apuesta seguramente era que Syriza hiciera una coalición con Pasok u otro partido pro euro como To Potami, que decía que iba a moderar a Syriza. De haberse producido alguna de estas alianzas se hubiese generado una coalición inestable que seguramente impediría una negociación dura con el BCE, es decir, hubiese conducido a un fracaso y seguramente a nuevas elecciones, con el peso de este fracaso a cuestas.

Pero algo salió mal. Nadie imaginaba que los Griegos Independientes, con los que se alió Syriza, un partido antieuropeo y antiausteridad, aunque también antiinmigrantes, vinculado con la iglesia ortodoxa y nutrido por la derecha sindical, conseguiría diputados. El panorama inesperado fue que con bajas concesiones, básicamente el Ministerio de Defensa y algunas segundas líneas, Syriza consiguió una alianza muy estable que a sus 149 diputados, a sólo dos de la mayoría absoluta, sumó otros 13. Un dato poco conocido es que antes de aliarse con Griegos Independientes, Tsipras tentó al Partido Comunista, que consiguió 15 diputados, de los que no obtuvo respuesta.

Original: Pagina 12

2 de feb. de 2015

Pablo Bortz sobre Grecia- reportaje


 Por Claudio Scaletta
Pablo Bortz es doctor en Economía de la Universidad Tecnológica de Delft, Países Bajos. En su reciente y notable tesis doctoral estudió cómo los flujos financieros, en especial las deudas externas, públicas y privadas, interactúan con el crecimiento y la distribución del ingreso en países en desarrollo, situación que incluye a la periferia europea. Asiduo visitante de Grecia y seguidor de su proceso económico, dialogó con Cash desde Ginebra, Suiza, donde reside en la actualidad. Bortz analiza el escenario de alianzas que podrían beneficiar al gobierno de Syriza, pero pronostica un muy probable boicot europeo, situación que finalmente empujará a Grecia a salir de la Eurozona. A partir de ese momento los desafíos de corto plazo, en el marco de la recuperación de instrumentos de política económica, serán mantener los precios de los alimentos y conseguir divisas.

¿Cuál cree que será la estrategia de política monetaria de Syriza?

–Creo que Tsipras no puede decir que quiere salir del euro. El vendió al pueblo griego que pelearía con dignidad por mejores condiciones, pero dentro del euro. Si quiere quedarse tiene dos caminos. Uno es lo que alguien denominó “hacer el juego de la confianza”, asumir un discurso no rupturista, pro mercado, y ver qué puede conseguir con cara de bueno. La otra es “la estrategia de la dignidad”, que es más que un eslogan político. Significa comenzar a avanzar y obligar a que el freno lo ponga el otro. Por ejemplo, ante la pregunta de cómo se financiará, contestar: “Con un plan de rescate, o con una reestructuración de la deuda que baje intereses”. La deuda griega es alta, pero los intereses no lo son tanto. Si se consigue solamente bajar 2 o 3 puntos del PIB en intereses, ya habría margen para hacer política fiscal. Luego es necesario avanzar parando las reformas en el mercado de trabajo, parar las privatizaciones, avanzar hasta dónde se pueda y en todo caso que le doblen la mano. Y plantarse. Esa es la estrategia de la dignidad. La de la confianza ya se ensayó cinco años, ya la intentó Hollande en Francia, por ejemplo, y también fracasó. Angela Merkel se los comió a todos crudos. Por eso es necesario avanzar con la antiausteridad, con estímulos fiscales, reincorporando trabajadores. La nueva secretaria de Trabajo, por ejemplo, fue directora del Levy Institute, que ayudó a diseñar en Argentina el Plan Jefes y Jefas. Ellos ya tienen armado un plan así para Grecia, una política de empleo expansiva.

¿Entonces la estrategia es la misma tanto para irse como para quedarse en el euro?

–Sí, y está bien. No pueden decir que van a defoltear. Los bancos griegos todavía tienen bonos de la deuda griega que usan como garantía para pedir financiamiento al BCE. Si el BCE no les presta más, y una excusa para no prestarles es que no tienen buena garantía, se acaba el euro en Grecia. Se va a un corralito. Eso es el 2001.

Partiendo de que la estrategia es la misma cualquiera sea el caso, cabe preguntarse si Europa dejará que Grecia se salga con la suya avanzando en contra de lo que hasta ahora fue su dogma de política económica.

–Creo que Alemania esperaba un tercer rescate, alguna reestructuración, pero que no se abandone la austeridad. Porque por un lado está la cuestión de la reestructuración, conseguir que el costo del servicio se reduzca en un par de puntos del Producto, pero manteniendo el vasallaje, y por el otro está el tema de austeridad y las privatizaciones. La troika estaba probablemente dispuesta a aceptar lo primero, pero nunca lo segundo. Porque si se acepta esto último sería difícil seguir imponiendo ajustes en otras economías, como por ejemplo en España, Italia o Portugal. Pero incluso en materia de reestructuración, Alemania sólo está dispuesta, en el mejor de los casos, a prolongar plazos, nunca a una quita. Y Syriza quiere una quita.

¿Cómo cree que reaccionarán los países que, como España, podrían beneficiarse de que a Grecia le vaya bien?

–Es obvio que el actual gobierno de España estará siempre muy en contra de Syriza, porque tiene un Syriza adentro, que es Podemos. Si bien Podemos puede parecer menos orgánico que Syriza, cuenta con importantes apoyos académicos y puede seguir la curva de aprendizaje. Syriza pasó del 5 por ciento en 2010 al 25 en 2012 y al 36 en 2015. Pasó de no ser nada, al principal partido de oposición y a partido de gobierno. No tenía estructura inicialmente aunque sí venía de una tradición política. Pero si a Syriza le va bien, Podemos podría llegar al poder. Seguramente un aliado será Irlanda. Su ministro de Finanzas ya dijo que apoyaba una conferencia europea para tratar la problemática de las deudas soberanas. Recordemos que la deuda de Irlanda pasó del 30 al 110 por ciento del PIB en un año sólo por rescatar a tres bancos. La duda es qué harán países como Francia e Italia. Creo que Syriza le refleja a la socialdemocracia europea su fracaso y cobardía para combatir la austeridad. Personajes como François Hollande podrían boicotear a Syriza porque los hace quedar mal o bien aprovechar la circunstancia para volver a las fuentes. Lo mismo en el caso de Italia. Por acá pasa la esperanza de Syriza.

Además del disgusto por la independencia, el resto de lo que se conoce de las medidas económicas de Syriza también molesta.

–Sí, va a contramano porque se trata de políticas fiscales expansivas y de freno a las privatizaciones. Por lo que se dijo, se anunció y se conoce hasta ahora, van a subir el salario mínimo, habrá una condonación fiscal para la gente de bajos ingresos, incluidas pequeñas empresas, seguramente habrá un plan de empleo (habrá que ver qué tan grande), se seguirán reincorporando trabajadores en el sector público. Ya se reincorporaron los suspendidos sin salario. Un desafío a mediano plazo será que se desarrolle una política industrial. Es complicado por las reglas de la Unión Europea, pero tienen la idea de armar un banco de desarrollo. Alemania lo tiene.

¿Usted cree que finalmente Grecia abandonará el euro?

–Mi opinión es que debe dejarlo. Pero también creo que la mejor forma para irse es que la echen, que el BCE les corte el financiamiento a los bancos y que deba irse. Eso le permitirá decirles a los votantes que se plantaron con dignidad, que no los dejaron.

¿Europa no tiene nada que perder si Grecia decide salir?

–Aunque podría existir alguna pérdida monetaria si no hay reestructuración voluntaria, las verdaderas pérdidas para Alemania serían políticas si acepta el plan de estímulo fiscal griego, pérdidas para con los otros países de la Eurozona. Creo además que al sector financiero alemán no le interesa que Grecia se quede, por eso van a boicotear cualquier iniciativa.

¿Cuáles cree que serán los pasos de Syriza frente a este escenario?

–El desafío es torcerle la mano a Merkel, que es una política muy hábil, y no será fácil, lleva las de perder. La única carta de negociación que tiene Syriza es ser el primero en irse. Si se va a corto plazo tiene dos desafíos. El primero es mantener el precio de los alimentos. Salir del euro significa devaluar, porque Grecia no tiene casi reservas, y el país es importador neto de alimentos y energía. Aquí tiene que aplicar la inversa a las retenciones a las exportaciones, un estímulo a las importaciones. El segundo es conseguir divisas. Grecia no tiene soja, pero tiene el turismo, que es su único sector con una buena elasticidad-precio. Si Syriza se va en marzo, de julio a septiembre tendrá un aluvión de turistas del norte de Europa. No es lo mismo irse en marzo que en septiembre. Y a mediano plazo tiene que tener una política industrial. Igual, entre tantas contras debe destacarse que saliendo del euro se recupera la capacidad de llevar adelante políticas fiscales y monetarias, aunque todo siempre y cuando se consigan divisas.
Original: Pagina 12