El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

26 abr. 2016

Fabio Petri: Nonsubstitution Theorem, Leontief Model, Netputs: Some Clarifications


22 abr. 2016

Judicialización de la política macroeconómica

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La intervención de un juez en operaciones de dólar futuro destinadas a defender la estabilidad de precios abre un interrogante sobre la intervención del poder judicial en la determinación del salario real y la distribución progresiva del ingreso.
Por Santiago Gahn*
La judicialización de las operaciones del Banco Central no tiene precedentes. Para comprender la falta de sentido de la causa que tramita el juez Bonadío hay que observar el papel que cumple el dólar en nuestro sistema económico y cuál son las responsabilidades del Estado y del Banco Central en relación con el valor del dólar.

Cada vez que el precio del dólar sube lo hacen los precios pero no a la inversa y su cotización rige casi todos los precios de nuestra economía. El precio de los combustibles, por ejemplo, depende del precio del dólar y a su vez, del precio de los combustibles depende una parte de los costos de la cadena de distribución de alimentos en Argentina. Lo mismo sucede con los alimentos y por lo tanto el valor de nuestra canasta básica.

El precio del dólar determina muchos otros precios y si el salario se mantiene fijo una suba de su cotización reduce la capacidad de compra. Por esa razón se dice que el precio del dólar, o tipo de cambio, es una variable que regula la distribución del ingreso. Por lo tanto la cotización del dólar es relevante para los salarios y debe ser definida por el Banco Central de la República Argentina. No la decide el mercado sino el Estado al incidir en la determinación de salarios y precios arbitrando de ese modo en la distribución del ingreso.

El Estado nacional volvió a aplicar el control de cambio el 31 de octubre del año 2011 después de casi 20 años sin su vigencia. Este tipo de control es una herramienta que se ha utilizado a lo largo de la historia mundial, sobre todo en períodos bélicos, para sostener el precio del dólar en un nivel definido por el Estado. Una pregunta que cabría hacerse en esta instancia es: ¿por qué el Estado querría sostener una cotización? Una respuesta es para que no suban los precios y de ese modo mantener el poder de compra del salario.

El Control de Cambios se suele aplicar para frenar procesos de fuga de dólares que pueden terminar generando una devaluación. Así como el control de cambios, la intervención del Banco Central de la República Argentina en las operaciones del precio del dólar a futuro no es más que una herramienta para sostener el precio del dólar en determinada cotización. Es un seguro ya que permite, al que compra, mantener su poder adquisitivo en caso de una devaluación; y también, permite guiar al mercado como cotización de referencia.

En un contexto de escasez de dólares, recesión internacional y caída de su principal socio comercial (Brasil), y limitaciones para acceder al financiamiento externo debido al conflicto con los fondos buitre, la venta de dólar a futuro era una herramienta esencial para cumplir con el objetivo de la estabilidad cambiaria. De no intervenir en el mercado de futuros de dólar, el BCRA no daría las señales que debe emitir sobre el precio de dólar de referencia poniéndole de ese modo un límite a las expectativas de devaluación de los privados. El Banco Central está obligado entonces a utilizar esta herramienta si pretende sostener salarios y empleo y cumplir con el mandato de su Carta Orgánica.

Mucho se ha hablado sobre este tipo de operación en las últimas semanas, debido a que es la causa por la cual el juez federal Claudio Bonadío imputó a la ex – Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Las críticas a la operatoria se basaron en el precio de venta (por un supuesto costo), la venta en sí (dado que era posible un cambio de administración), y a quiénes se les vendió. Examinemos las acusaciones una por una.

Primero, el BCRA no tiene fin de lucro. Sumado a eso, el costo de la operatoria es en pesos por lo que no compromete la cantidad de reservas en dólares del BCRA. En segundo lugar, el candidato de Cambiemos había dicho públicamente que su administración no iba a devaluar. De todas formas, la planificación cambiaria no puede estar sujeta a los vaivenes de una campaña presidencial. Por último, respecto a quiénes se les vendió, cualquiera que sea cliente de un banco que se dedique a operatorias bursátiles tiene la opción de acceder a la compra de este seguro de cambio y se hace en un mercado “ciego”, es decir, no se conoce la identidad del comprador.

La intromisión por parte del Poder Judicial en la decisión de la cotización del dólar es algo que estremece. Hay dos lecturas posibles. Que el magistrado realmente haya creído que se cometió un delito o que la sociedad argentina se encuentre frente a un proceso de judicialización de la política macroeconómica. Esto último puede sentar las bases para el congelamiento de la distribución del ingreso en un nivel en el que la Justicia desee. Pero aún peor, podría r convalidar una especie de “castigo” para las administraciones que intenten cambiar la distribución del ingreso.

Cabría formularse dos preguntas. En primer lugar, si es el Poder Judicial quien tiene que decidir la distribución del ingreso o, por el contrario, las autoridades elegidas por el Pueblo; y, en segundo lugar, si la judicialización de la política macroeconómica, una vez establecida, tendrá vigencia para todos los gobiernos o sólo para los que benefician a los trabajadores.

La sociedad argentina deberá debatir en torno a cómo y con qué distribución del ingreso crecer de manera sostenida teniendo presente que se necesitará gestionar la escasez de dólares, un fenómeno estructural y crónico que no depende ni de las expectativas ni de la confianza o de la buena voluntad de gobernantes y gobernados. Sólo un Estado emprendedor que planifique dará una respuesta al problema.
*Lic. en Economía (UNLP) y editor deaprendiendoeconomia.com

Original: ACA

15 abr. 2016

Pateando la escalera también: Los bancos centrales en perspectiva histórica


Posteamos un trabajo de Matias Vernengo, publicado en español en Circus 6 y en Naked Keynesianism en inglés  que trata sobre los usos de los Bancos Centrales historicamente, ora para el desarrollo en los países centrales, ora para evitarlo en la periferia.









por Matías Vernengo


Resumen:
De un punto de vista histórico, los bancos centrales han tenido diferentes objetivos y usado instrumentos de política monetaria múltiples. Los primeros bancos centrales en el siglo XVII fueron instrumentos de la naciente burguesía mercantil europea para promover el desarrollo y la industrialización. Solo en el siglo XIX, cuando el proceso de desarrollo en el centro se encontraba avanzado fue que los bancos centrales pasaron a ser vistos como guardianes del valor de la moneda. En la periferia los bancos centrales fueron tardíos. Primero, las cajas de conversión funcionaron como instrumentos de la integración con el centro, pero a partir de la crisis de los años 30 los recién creados bancos centrales tuvieron mayor papel en el desarrollo nacional. Con la crisis de la deuda y la consolidación del proyecto neoliberal, los bancos centrales independientes que implementan metas de inflación pasaron a ser vistos como el ideal a ser seguido. Los diferentes papeles de los bancos centrales están en última instancia relacionados a diferentes proyectos de desarrollo, y modos de integrarse a la economía global. En los países avanzados los bancos centrales fueron una de las instituciones que se usaron para la promoción del desarrollo nacional, pero una vez que el objetivo de la industrialización fue alcanzado, "patearon la escalera‟ para no permitir que los países periféricos utilizaran los mismos instrumentos y políticas de desarrollo. No hay un banco central adecuado para todos los países en todas las circunstancias históricas.

para leer el paper ACA

11 abr. 2016

EAEPE European Association for Evolutionary Political Economy

 http://eaepe.org/content/themes/EAEPE/images/logo.png

On the occasion of the 28th Eaepe Conference to be held in Manchester (UK), 3-5 November 2016, on the theme Industrialisation, socio-economic transformation and institutions, the research area [R] on Classical Theory and Policy Analysis and the Centro Sraffa invite to submit papers on subjects relating to this research area 

Please indicate that your paper is intended for Research Area [R] – Classical Theory and Policy Analysis. 

 The submission deadline is 15 May 2016. For any further information, contact the coordinators [Prof. E.S. Levrero and Prof. F. Serrano] or see the conference website
http://eaepe.org/?page=events&side=annual_conference&sub=call_for_papers_eaepe2016

3 abr. 2016

Eduardo Crespo: La falacia del equilibrio general


Más allá de la popularidad de las versiones simplificadas que utilizan los manuales, en términos estrictamente analíticos la teoría del equilibrio general sigue siendo un fracaso. El atraso en cuestiones teóricas del titular del BCRA.



 Por Eduardo Crespo *

Pocos días atrás, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, realizó una exposición en la Academia Nacional de Ciencias Económicas bajo el título “El uso del concepto de equilibrio general en su aplicación a la política monetaria”. Sturzenegger aboga por la utilización de un enfoque metodológico fundado en la teoría marginalista del equilibrio general, que considere los problemas económicos teniendo en cuenta “todas las implicancias y efectos colaterales que podrían tener”. Rechaza con ironía el uso generalizado de enfoques basados, según su opinión, en la ‘falacia’ del ‘equilibrio parcial’, que extrae conclusiones equivocadas a partir del análisis aislado de ciertos ajustes.

Alfred Marshall, creador de la metodología del equilibrio parcial, advertía la dificultad para extraer conclusiones precisas y generales a partir de las ‘largas cadenas de razonamientos” y complejos ajustes implicados en la metodología del equilibrio general. La historia le dio la razón. Pasaron ya 142 años desde la publicación, en 1874, de la primera versión del equilibrio general por León Walras. Sus cultores, incluso valiéndose de supuestos heroicos e instrumentos matemáticos cada vez más sofisticados, aún no pudieron demostrar que de existir un equilibrio de este tipo las economías efectivamente tenderían hacia allí. Tampoco pudieron demostrar que este equilibrio sería estable y ni siquiera único. Más allá de la popularidad de las versiones simplificadas que utilizan los manuales, en términos estrictamente analíticos la teoría del equilibrio general sigue siendo un fracaso.

Pero el propósito de Sturzenegger es otro. En su presentación no discute temas abstractos. Trata de la política monetaria de todos los días. A modo de ejemplo, para el presidente del Banco Central un aumento de las tarifas de energía no debería generar inflación. ¿Por qué? Porque las ‘familias’ enfrentan una ‘restricción presupuestaria’ basada en un ingreso nominal fijo. En palabras suyas: “en el ejercicio mental que proponemos, hay un precio que sube. Pero por otro lado incorporamos al análisis la restricción presupuestaria que enfrenta la familia. Esa restricción presupuestaria se basa en que las familias tienen un cierto ingreso nominal, que no cambiamos (…) y ese es el ingreso que las familias tienen para gastar en todos los bienes. Entonces cuando un precio sube, es claro que la restricción presupuestaria implica que se puede gastar menos en los otros bienes, y que el precio de estos bienes debería bajar. El resultado final, si asumimos que la demanda por saldos reales no cambia, es que los precios finales, en promedio quedan constantes. En este caso (...) los efectos de las tarifas sobre los precios seria nulo.”

El primer error es desconocer que la energía no es demandada únicamente por familias. También la demandan empresas, que normalmente trasladan los aumentos de costos a precios. Pero el problema principal está en la lógica del argumento. Si los precios de los ‘factores de producción’ no se modifican, es decir, si los salarios y la remuneración del capital en términos monetarios siguen siendo los mismos, ¿por qué deberían reducirse los precios de las otras mercancías cuando se reducen sus demandas, incluso cuando suben los costos por el encarecimiento de la energía?

Por lo visto Sturzenegger imagina que los bienes “caen del cielo”, ya que parece desconocer que su producción conlleva costos. ¿Acaso las empresas aceptarían vender a pérdida? Incluso si admitimos esta extraña posibilidad como solución de corto plazo, es de esperar que pasado cierto tiempo la oferta por estos productos se reduzca y sus precios aumenten. El razonamiento de Sturzenegger podría funcionar en una subasta de muebles usados, pero nunca en una economía capitalista moderna donde las mercancías se reproducen en forma regular. El único modo de reducir los precios finales sería a través de una caída de los precios de los ‘factores’, en otras palabras, si se contraen los salarios y/o las ganancias de las empresas. Pero esto es precisamente lo que cuestiona el presidente del Central al negar los efectos inflacionarios de la suba de tarifas. Por otra parte, ¿qué debería suceder cuando quienes perdieron al principio reclaman luego una recuperación del poder adquisitivo perdido? ¿Qué ocurre, por ejemplo, si existen paritarias?

Todo el razonamiento del banquero central se basa en la presunta existencia de un stock fijo de moneda milagrosamente controlado por la banca central (es decir, por él mismo) que impediría se lleven a cabo transacciones más allá de un monto monetario fijo. Esta sería la situación normal, según sus palabras, exceptuando se modifique la “velocidad de circulación del dinero”, contingencia que en su opinión ‘rara vez’ ocurre. El presidente parece desconocer que los agentes públicos y privados, en especial los bancos, diariamente lanzan a la circulación –o retiran de ella– una enorme variedad de activos monetarios, con independencia de los Bancos Centrales. Toda vez que un banco concede un préstamo ‘emite’ moneda. Los sistemas de crédito de las economías modernas, donde las innovaciones financieras son la regla, no guardan ninguna relación necesaria con la pequeña porción de activos monetarios que controlan las bancas centrales. En la actualidad este es un hecho universalmente aceptado por la mayor parte de la literatura internacional, con excepción de aquella que circula en las desactualizadas universidades argentinas.

Frente a un proceso inflacionario, lo que usualmente ocurre es que las empresas demandan mayores volúmenes de crédito, los Estados nacionales, provinciales y municipales precisan más dinero para cumplir con sus obligaciones y los bancos -públicos y privados- a la larga precisan hacerse de mayores reservas, lo que obliga a los Bancos Centrales a proporcionarlas, para evitar el colapso del sistema. La inflación genera emisión. Si bien el presidente del Central parece admitir este mecanismo cuando alude al ‘dinero pasivo’, rápidamente pasa a otros ejemplos más afines al rancio monetarismo que domina toda su exposición. En términos empíricos llama la atención que el presidente del Banco Central subestime, como en efecto lo hace, los efectos inflacionarios del tarifazo, la quita de retenciones y la reciente devaluación. En un país que sigue sin contar con cifras oficiales es normal que se diga cualquier cosa sobre la inflación, sus causas y sus remedios. Lo grave es que el presidente del Banco Central no sea una excepción a esta regla.

Luego plantea una llamativa relación entre el ahorro y la inversión: “los países que ahorran mucho no son países con falta de demanda crónica, sino con altas tasas de inversión. Si fuera cierto que el ahorro no genera demanda agregada, China debería ser el país mas recesivo del mundo”. De esta frase se deduce que el banquero central desconoce una identidad contable elemental: para la economía en su conjunto siempre el ahorro es igual a la inversión. La inversión efectiva puede diferir del hipotético ahorro de plena ocupación, nunca del ahorro efectivo ex post. También parece desconocer la teoría keynesiana. El punto no pasa por identificar la inevitable correlación estadística entre el ahorro y la inversión. Para un macroeconomista la cuestión pasa por saber la dirección de causalidad. Es decir, si el primero determina la segunda o viceversa. Para Keynes la inversión determina el ahorro al modificar el nivel agregado de ingreso. Cuando se cumplen 80 años de la publicación de la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, es preocupante que el presidente de nuestro Banco Central desconozca su contribución principal.

Este desconocimiento se hace aún más notorio en el siguiente pasaje: “otro ejemplo muy común, tiene que ver con el plan Procrear. Según sus impulsores son programas que generan una gran expansión en la demanda agregada, pero lo que nunca se toma en cuenta es que la utilización de los recursos para ese fin los detrae de otro lado (…) Es que lo que se aumenta por un lado se saca por otro”.

La idea de que toda utilización de un recurso en cierta actividad implica su retiro de otra, parte del supuesto de que los recursos siempre están plenamente ocupados en su máximo nivel de eficiencia. Domina el pleno empleo, los recursos son ‘escasos’. La economía para Sturzenegger se auto-regula por mecanismos que funcionan a la perfección. Así, por ejemplo, podríamos concluir que el Conicet y las universidades públicas, no hacen más que detraer científicos a McDonald’s, remiserías, rotiserías de barrio y universidades del exterior. En este mundo de ensueños macroeconómicos no existe el desempleo, el subempleo, la sobre-calificación, los movimientos migratorios. La oferta de recursos nunca responde a los movimientos de la demanda agregada. Tampoco se observan las innumerables estrategias de supervivencia de la economía informal, donde millares de personas sobreviven en actividades de ínfima productividad.

Si las economías reales se desempeñasen así, los economistas, como el propio Sturzenegger, serían innecesarios. En efecto, en un mundo sin enfermedades los médicos serían redundantes. Pero las enfermedades, como los problemas económicos, existen. En la vida real el empleo de un recurso en cierta actividad contribuye al empleo de otros recursos en otras actividades. Esto se conoce como “efecto multiplicador”. El trade off entre usos alternativos es una falacia del equilibrio general.

* Economista.

1 abr. 2016

Long run Convergence in a Neo-Kaleckian Open-economy Model with Autonomous Export Growth


Won Jun Nah
Associate Professor and Chair, School of Economics and Trade, Kyungpook National University, Daegu, Korea
Marc Lavoie
Professor, Department of Economics, University of Ottawa, Ottawa, Canada
Address for correspondence: Marc Lavoie, mlavoie@uottawa.ca



Abstract: 
 A simple neo-Kaleckian open-economy model is presented and its implications for growth regimes are analyzed. The present model features long run-convergence to its normal rate of capacity utilization, which is conditionally achieved by incorporating the Harrodian principle of instability and autonomous growth in foreign demand. It is demonstrated that some aspects of the main Kaleckian results can be preserved not only in the short run but also in the long run, in the sense that both (i) a decrease in the propensity to save, and (ii) a change in income distribution favoring labor, bring about higher average rates of production growth and capital accumulation. However, the long-run impact of a change in the profit share is shown to be subjected to the condition that the responsiveness of the real exchange rate with respect to the profit share has to be bounded from above, confirming that the scope for wage-led demand or wage-led growth can be limited by open-economy considerations.

To read the paper here

29 mar. 2016

Antonella Stirati: Piketty and the increasing concentration of wealth: some implications of alternative theories of distribution and growth